Efrain Castaño


A un año de distancia de la Pascua Judía en el año 30, escenario de la pasión muerte y resurrección de Jesús era aún silenciosa la presencia del pequeño grupo seguidor de Jesús de Nazaret y se temía la aniquilación: en la Pascual del año 36 Vitelio destituyó a Caifás y todos recordaron “al que hizo parte de la historia de Jesús”.
En la Pascua del año 43 Herodes hizo arrestar a Pedro (Hechos 12,3) porque se temía al grupo naciente: el año 70 cuatro legiones romanas capitaneadas por Tito rodeó, se tomó, destruyó el templo y parte de la ciudad de Jerusalén: ya las pequeñas comunidades cristianas con la fuerza de la Pascua del año 30 estaban irrigadas por Antioquía, Cesaréa, Cafarnaúm y Nazaret.
En el año 60 se conocía ya una carta enviada por un tal Pablo de Tarso, converso y dinámico, que hacía en sus líneas una afirmación revolucionaria y merecedora de persecución para la época: “Nuestra Pascua que es Cristo ha sido inmolado”: era ya la expansión incontenible de lo sucedido en el año 30, era el canto a la Resurrección, era el mensaje cierto: ya existía una Pascua cristiana que había nacido en la judía.
A veinte años de distancia de los acontecimientos, existe ya la conciencia enraizada de celebrar la Pascua cristiana en cuya raíz celebrativa hay un acontecimiento histórico que da valor a los escritos llamados “nuevo tertamento”.
El Papa Francisco es Pascual, se sabe bien que la raíz de una buena, santa y alegre vida está en la unión a esta gesta que se llama Jesús de Nazaret, muerto y resucitado cerca del día 14 de Nisán del año 30.
Afirma que “muchos cristianos se han quedado en la Cuaresma pero no han dado el paso a la Pascua”, es decir se quedan patinando en las dudas, los odios, el pecado, el reconocimiento del mal impactante en la historia de la humanidad, pero no han dado el paso al optimismo, al convencimiento de que es posible vencer cualquier calamidad, dificultad, pecado, tentación, sufrimiento, atadura. Son vidas que se quedan en el panorama gris y oscuro de una vida amarga que para sonreir un rato tiene que acudir a suplementos enajenantes de placer, alucinógenos, espectáculos entretenedores, drogas alucinantes, ratos de intenso placer, actos de violencia, odio y muerte.
La vida Pascual en cambio da una fuerza inmensa para superar las dificultades, tropiezos, fracasos, miedos, oscuridades, traumas, complejos o costumbres que no dejan prosperar la vida hacia la santidad que es el mejor camino a la felicidad.
Es Pascua: expresemos gozo y vida nueva. La venida del Papa será sin duda una inyección de Pascua para un país en camino al progreso.
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