Efrain Castaño


En la reciente edición de los premios Óscar de la academia de cine, una de las películas más laureadas (14 nominaciones) fue La La Land que algunos traducen por “la ciudad de las estrellas” o “la ciudad de los sueños”.
Parte de su argumento se basa en el estancamiento del ritmo del jazz que anima la vida en la fantasía de la música y que al conocerse los protagonistas Sebastián (Ryan Gosling) y Mía (Emma Stone, ganadora del Óscar a mejor actriz 2017) se hace parte del tema en el proceso de enamoramiento en sus existencias.
Comenzando el acercamiento en sus vidas me llamó la atención la escena en la cual Sebastián le narra a Emma la situación del Jazz del cual él es fanático e intérprete: “se está muriendo -le dice- en parte por personas como tú que no lo aprecian y no les importa, pero sabes?, yo no lo dejaré morir”.
Allí comienza la historia de mutuo acercamiento hasta llegar a la unión de sus vidas que en el amor expresa compromiso, acompañamiento y gozo convirtiendo la vida en música, danza y goce que enlaza el diario vivir y el infaltable luchar.
Me parece que esto es una parábola de la vida, una manifestación de lo que en otro nivel nos ocurre a diario, de la necesidad de poner pasión y gusto para continuar con lo que se ha elegido, iniciado, formado.
Es urgente que muchos defendamos lo que creemos, hacemos o construimos no con la violencia sino con el testimonio de amor y fidelidad. Es necesario poder decir por ejemplo yo no dejaré morir mi matrimonio, lucharé por él, llevaré adelante lo necesario para que crezca el amor, el entusiasmo, la novedad de vida.
No dejaré morir el entusiasmo para sostener mi trabajo, mi estudio, mi ideal de vida, mi proyecto de existencia, hoy pondré todo el ánimo y creatividad posible para que sea mejor la existencia, de mejor calidad lo que me corresponde hacer.
No dejaré morir la semilla sembrada en lo comenzado, cuidaré con afecto para que lo negativo o destructor no lleve a derrota lo que debo adelantar; hoy haré mejor mi trabajo, seré el mejor en lo que me corresponde, subiré el pentagrama musical lo que parezca rutinario o muy ordinario.
No dejaré morir la fe en el Señor que a diario me regala la vida y la creación como escenario formidable para vivir el amor con mis hermanos, no dejaré morir el gozo y la alegría de vivir para no ser sepultado por la adversidad.
Llenaré la ciudad de estrellas que iluminen las noches de la vida, de sueños que estallen como fuentes de esperanza, cantaré aún en medio de la niebla el la-la del optimismo que derrote a los profetas del odio, de la desunión, del pesimismo. No dejaré morir la vida.
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