Efrain Castaño


El 16 de marzo del 2002 a las ocho y media de la noche, monseñor Isaías Duarte Cancino, arzobispo de Cali, salía de una celebración matrimonial y una ráfaga de balas terminó con su vida; aún no se conoce la autoría, si bien es cierto que la acción asesina la motivó la defensa de los valores cristianos, el rechazo al maltrato de los más débiles y el anhelo de una sociedad justa y mejor.
Recordamos como un eco de lo sucedido el 24 de marzo de 1980 en San Salvador; el arzobispo Óscar Arnulfo Romero celebraba en una capilla de una comunidad religiosa y de repente se abrió con violencia la pequeña puerta y una lluvia de disparos de fusiles acabó con la existencia terrena de este esclarecido hombre y valiente cristiano.
Tampoco se sabe hoy sobre los autores, aunque es conocida la razón de su silenciamiento: la defensa de los derechos humanos en el Salvador, las denuncias sobre brutal violencia, el clamor por una vida justa y con esperanza para los más pobres.
Días antes había sido nominado para el Premio Noel de la Paz por su labor pacificadora en la explosiva situación salvadoreña. Pronto se le nombró como “San Romero de América” por haber sido una presencia en medio de un pueblo amenazado y angustiado por el nivel de violencia y pobreza.
Sorprende que hoy al recorrer el salón de la Abadía de Westminster, en Londres, entre las diez estatuas que resaltan a defensores por la paz y la justicia se encuentre la de San Óscar Romero de América, obispo católico, teniendo en cuenta que la Abadía es centro de la religión Anglicana. Vale anotar que San Romero es honrado aún por no creyentes como un hombre de coherencia en la fe, reflejo de la acción de Jesús de Nazareth, vivencia ardiente de páginas luminosas del Evangelio.
Lo anterior nos dice que “es en serio” hacerse cristiano, que no es vivir sin definirse, vivir porque así es costumbre, sin cambios de vida hacia lo santo y noble del Evangelio, que es compromiso histórico con la etapa en la cual me toca existir.
Vivir el Evangelio es entregarse a un seguimiento cálido, alegre y audaz de Jesucristo cuyo anuncio toca raíces de corrupción, que ataca con silenciar asesinando como en los dos casos citados.
Es en serio optar por ser cristiano de verdad. Ojalá esta Semana Santa que llega nos lleve a un cambio y compromiso feliz.
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