Efrain Castaño


El país entra en un ambiente positivo y de esperanza con el regreso de los profesores y los alumnos a las aulas; estamos así en época de siembra de poderosas semillas que bien abonadas con el riego de buena educación brotarán con fuerza y belleza.
Es sorprendente ver el poder de una semilla; lo observó el Señor cuando anotó “la semilla de mostaza es la más pequeña pero al reventar crece y se hace un árbol tan inmenso que las aves del campo vienen a hacer nidos en él”.
Es verdad: una semilla es tan pequeña que parece perderse en la palma de la mano pero luego brota y se hace a veces tan inmensa que ni con dos manos puedo levantarla y se carga de tantos frutos que es ni más ni menos “la multiplicación de los panes”.
Sucede con el ser humano lo mismo: nace tan frágil e indefenso que necesita del cuidado de un padre y una madre para propiciar su desarrollo equilibrado y normal; urge de guía y enseñanza para crecer correctamente y alcanzar una saludable madurez que le sea plataforma de felicidad.
La familia y los centros educativos surgen así como fuerzas indispensables para el crecimiento sano de los seres humanos; el momento actual en el cual han regresado los alumnos a sus aulas pasa a ser época de siembra, momento crucial para la marcha de un “país”.
Si educación viene de “educere” (sacar) es tiempo de que la semilla que cada uno es saque fuera, haga aflorar lo que encierra en lo profundo de sí desde su nacimiento: su deseo de vivir, su capacidad para escoger lo correcto, su visión para ver el camino mejor que se debe seguir, la fuerza de elección que orientará gran parte de su vida ya que para elegir profesión, estado de vida, línea de vocación y misión necesita las bases fortalecidas y veraces.
Es bella esta época de enseñanza en las aulas desde la primera edad hasta la universitaria y luego en el servicio profesional y vocacional ya que esta siembra es manera cierta de construir el nuevo país sin corrupción, mentira y violencia que parece cubrirnos como caparazón asfixiante.
Que nuestros educadores sigan con la visión de ser junto con los padres de familia los primeros y grandes orientadores de la existencia; recordamos mucho aquellos profesores(as) que desde el salón de escuela nos dejaron orientación, luces, verdades y fuerzas para escoger el mejor camino a seguir.
Momentos como este cuando uno ve llegar desde el niño que empieza a surgir hasta el hombre o mujer ya jóvenes para recibir la fuente de la sabiduría, es verdad que el país está en un periodo de inmensa riqueza y maduración; es construir un nuevo país, no porque la educación pasada no haya servido sino porque las situaciones surgidas en esta nueva época necesitan de nuevas visiones y opciones, certezas para saber manejar las técnicas de esta nueva sociedad y conservar los principios que son permanentes, la verdad, la belleza, la bondad y la unidad son fuerzas que no debemos ocultar ni callar.
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