Efrain Castaño


Multitud de veces al ir al querido doctor (o doctora) de la rama de la medicina, nos dice después de un diálogo: enséñame la lengua, nos la mira, la presiona, hace gestos de serenidad o preocupación y algo nos dice sobre cómo ve nuestra salud en parte revelada en ese simple gesto.
Si por la lengua podemos conocer el estado general o al menos primordial de una persona, es preocupante el diagnóstico que puede darse según el estado de algunas lenguas que hasta se llegan a denominar “malas lenguas” y hasta de algunos se dice que hablan de manera tan tosca, vulgar, mentirosa e hiriente que se anota “si te muerdes tu lengua, te envenenas”.
Es verdad que muchas personas usan su lengua para mentir sin cesar, insultar a grito fuerte, emitir palabras que hieren y producen ira, son lenguas que encienden violencia, humillación, tristeza y desgracia.
En la Biblia es primordial el valor de la carta del apóstol Santiago en su capítulo tercero cuando habla de la peligrosidad de la lengua hasta afirmar que es casi increíble cómo un órgano tan pequeño logre producir efectos tan grandes; la lengua puede alegrar o entristecer, puede derramar dulzura o puede lanzar insultos y bajezas.
La palabra se puede profanar con la mentira, la vulgaridad, el insulto; el fenómeno afecta no solo a jóvenes sino a quienes ya peinan canas. Como un pequeño fuego, una chispa, puede incendiar una selva, así la lengua tiene el poder de destruir familias, comunidades y pueblos.
El mismo Jesús anotó en alguna ocasión algo que es para pensar y llamar a revisión: “yo les digo que en el día del juicio tendrán que dar cuenta de las palabras vacías que han dicho. Por tus palabras serás absuelto o descalificado” (Mt 12,36).
Creo que debemos tener más cuidado con el uso de la lengua, de lo que hablamos y emitimos; hay todo un lenguaje caracterizado por la delicadeza, el respeto, la dulzura y la cultura como hay otro que se manifiesta en violencia verbal, mentira y vulgaridad; hay personas que están tan enfermas de su lengua que con solo oírlas dan paisajes oscuros, tenebrosos, destructores, violentos.
Vale mirar si al sacar mi lengua se me puede calificar de enfermo o sano, limpio o sucio, con aliento infernal o fresco y limpio.
En una palabra: enséñame tu lengua y te diré si tu vida goza o no de buena salud, si eres apto para la vida civilizada y cordial o si eres para ser temido y mantener en reserva. La buena salud en la comunicación se da solo si está empapado de caridad, de recto y alegre amor.
Enséñame tu lengua... puede mostrar tu salud interna y total.
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