Efrain Castaño


En torno al país, al mundo y a la propia vida gran parte del ambiente se cifra en la manera como miro y veo las personas y acontecimientos; el nueve de agosto señala la muerte de dos seres que muestran dos miradas.
El 9 de agosto de 1962 murió Herman Hesse, escritor alemán hijo de librero de quien heredó el amor a la lectura; viaja a la India para estar un tiempo con sus padres que viven allá, ve pobreza, lucha, dolor: de su pluma brotan escritos que muestran su mirada y visión; obtiene el premio Nobel.
Su obra “Sidharta” narra las creencias orientales y su impacto en la marcha del ser humano impulsado a la unión con Dios y la oración íntima; en otra de sus obras “el lobo estepario” pone en telón de fondo pesimista y oscuro sobre la existencia al afirmar que “el hombre es un lobo para el otro hombre”, es decir que solo buscamos devorarnos como lobos y huimos al silencio.
Otro 9 de agosto, el de 1942 murió Edith Stein, joven judía que desde niña traslucía un corazón inquieto e insatisfecho; el estudio de la Filosofía y la visión de la guerra la hicieron atea, pesimista y cerrada; conoció en el ambiente universitario al gran Edmund Hussel quien comprendió la inquietud de su alumna, la ayudó en su desarrollo y la hizo su secretaria hasta llegar a sucederle como profesora; poco a poco se abrió al horizonte de la existencia con mirada amorosa y positiva.
Desde la Universidad impulsó su compromiso social y en la Cruz Roja encontró la manera de servir; entre sus lecturas un día leyó la autobiografía de Santa Teresa de Jesús de Ávila y al cerrar aquel libro anotó: “aquí está la verdad”.
Entró a la orden Carmelita con el nombre de sor Benedicta de la Cruz y un día fue apresada por los nazis y subida al tren que la conduciría al campo de concentración; allí fue una más, un número simplemente, el 44.070, así sin nombre ni título alguno, ella enseñada a verse rodeada y admirada en el ambiente cultural.
Escribió varias obras en las cuales lejos de señalar el carácter oscuro e injusto de la existencia bajo el dolor de la guerra, abrió caminos de esperanza, hizo del amor un arma que vence y es invencible así se le hiera o desprecie.
El 9 de agosto de 1942 fue llamada por su número y empezó a desfilar poco a poco; sabía que era llevada a la cámara de gas, muerte segura; allí llegó y aceptó y recibió la muerte con firmeza, serenidad y afecto a todos; oraba sin cesar y así se apagó su vida.
Herman y Edith muestran dos maneras de ver el mundo, de mirar y opinar para actuar razonablemente; vale la pena clasificarse en el modo como cada uno mira la existencia: si fría y cerrada o amorosa o abierta.
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