Efrain Castaño


Einrich Schutz fue un compositor alemán (1585-1672) que entre sus muchas obras musicales dejó: “La Pasión”, “Las siete palabras”, “Los salmos de David” y “Resurrección”. Joseph Haydn, de Austria (1732-1809) dejó páginas musicales como “La creación” y “Un acompañamiento a las siete palabras”.
Sirvan estas melodías como telón de fondo para el tiempo que comenzamos: “Triduo Pascual” que celebra la pasión, muerte y resurrección como vivencia del paso de Dios entre los hombres y de los pasos que todos debemos vivir tras sus huellas si queremos una bella existencia.
Me ayuda el pensar de Albert Camus quien entre sus dudas, en su obra “La caída”, expresa su cansancio vital, tan real hoy, al decir: “Continuar, tan sólo continuar es algo sobrehumano”; actitud muy presente ante esta historia repleta de corrupción, de pestes, virus, pobreza, miseria, odios, violencia, exclusión de tantos, discriminación diaria, mentiras, críticas mordaces, profetas del desastre.
Más me impacta cuando Camus hace decir al protagonista de su obra, señalando un crucifijo de oficina: “Este gritó su agonía y por esto lo amo, amigo mío; lo malo es que nos dejó solos para continuar. EI quería que lo amaran, nada más claro que hay gentes que lo aman aún entre los cristianos, si bien pueden contárseles con los dedos de la mano”.
Aquí hay algo que aclarar, para muchos Él no nos dejó solos, para esto existe este tiempo del Triduo Pascual, para recordamos que nos dejó la vida de comunidad, el amor como expresión sublime, la eucaristía como pan vital, la cruz como compañía real, sus palabras como sabiduría esencial y la resurrección como proyección eternal.
Vivir estos días es como encontrar un oasis en medio de un desierto calcinante, una palabra en la soledad silenciosa, una luz como salida de rigoroso camino, una manera factible de experimentar vida nueva aún en medio de los tropiezos inevitables.
Lo que pasa es que, volviendo a Camus, los seres humanos “vagan fingiendo que tienen prisa por llegar a la mujer hastiada, a la casa severa; amigo mío, sabe usted lo que es la criatura solitaria que vaga en las grandes ciudades”.
Hay que continuar la vida, el camino, la historia, pero sabiendo que tenemos a quien mirar (Jesús de Nazareth), a quien escuchar (Su palabra), con quien vivir amando (la comunidad humana, la creación entera).
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