Efrain Castaño


Era madrugada, la claridad empezaba a dibujar las formas y los colores que el pincel terso de Dios regala día y noche a la humanidad y al cosmos inmenso; tres jóvenes detuvieron un taxi para trasladar su trasnocho y farra a sus casas vecinas.
Querían algo caliente para cambiar el frío intenso en sus cuerpos sudorosos por la agitación de la noche y el licor, consumido sin medida: tenían la certeza de que en sus casas lo conseguirían cobijándose para el descanso.
El taxi avanzaba hacia el destino señalado; uno de ellos observó que en edificios y ventanas de casas lucía la bandera nacional con su tricolor significativo y que llama al entusiasmo y ardor patrio: ¿es que hoy juega la selección de fútbol del país?, preguntó gritando. No lo sabía.
Ninguno le supo dar respuesta; sólo el conductor del taxi cortó el despilfarro de palabras grotescas que desde hacía rato salían de los labios de sus pasajeros que por su aspecto eran estudiantes; no es, caballeros, que la selección juegue sino que hoy es la fiesta patria de la Independencia nacional y debemos izar el pabellón insignia.
De nada de fiestas patrias o fechas importantes de la historia nacional sabían aquellos pasajeros; en las aulas de estudio solo escuchan mensajes negativos sobre la marcha del país y maldiciones de la historia escrita con sudor y hasta sangre; se calla la gesta del pueblo escrita en las páginas de la vida nacional.
De seguro que hoy pocos recuerdan que el 11 de noviembre en Cartagena las masas populares iniciaron desde el barrio Getsemaní un movimiento emancipador, eco del 20 de julio en Santa Fe de Bogotá y desde el Cabildo declaran la independencia de Cartagena del yugo extranjero. Hechos para tomar en cuenta en las etapas vividas de la historia.
Ojalá vuelva a las aulas la noticia de la historia, el valor de los antepasados que plantaron la bandera nacional y abrieron caminos para seguir hoy construyendo un país de progreso y hermandad, superando odios y mentiras, yendo más allá de insultos y destrucción.
Cada colombiano debe sentir que es constructor de nueva civilización justa para abrir camino a la paz, cada uno debe cambiar el corazón corrupto adquirido por etapas dignas de superar, es hora de aprender a mirarnos y dialogar como hermanos, un buen manual, la carta del papa Francisco: Todos hermanos.
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