Beatriz Chaves Echeverry


Tal vez algunos de ustedes escucharon el testimonio de un padre narrando lo que ha sido el drama de la adicción de su hijo de 17 años a las drogas. Su clamor era encontrar eco en las autoridades, pues a pesar de haber descubierto varios contactos de proveedores de drogas en el celular de su hijo y haber hecho la denuncia en la Sijín, le respondieron que, por lo menos por este año, no podían hacer nada. Y entonces ¿quién puede hacer algo?
Sé que muchas familias están sufriendo el dolor de tener un familiar perdiéndose en las drogas. La mayoría de los adictos consideran que consumir no es un problema, tienen delirios de grandeza, se creen más inteligentes que el resto del mundo y creen que el problema es de los otros, a quienes consideran mojigatos. Pero la realidad es que el futuro de los drogadictos es muy negro y peor aún si las víctimas de este flagelo son niños y jóvenes. El padre que narró el testimonio contaba que su hijo lleva 3 años consumiendo y ya está próximo a caer en la indigencia. Otras familias son más tolerantes y soportan al adicto; se someten a que éste les robe, los explote y a veces los agreda. Lo cierto es que en Colombia el consumo ha aumentado y los traficantes están rodeando a los niños y adolescentes para inducirlos a la drogadicción; les regalan las dosis iniciales para asegurar futuros clientes. Yo no sé si ante la ley esto es penalizado, pero inducir a alguien a las drogas debería considerarse como uno de los peores delitos y ser castigado con mucho rigor. Es que detrás del consumo de drogas ilícitas hay familias destruidas y vidas echadas a perder.
Soy parte del movimiento Padres Coherentes, liderado por la psicóloga de infancia y adolescencia María Isabel Guerrero Silva. El audio de la entrevista lo compartió una mamá del grupo y se formó una discusión muy interesante al respecto, la conclusión a la que se llegó es que lo más importante es la prevención. Y una de las mejores maneras de prevenir que nuestros hijos caigan en la drogadicción es formarnos como padres para poder darles las mejores herramientas para que afronten el mundo que les rodea. La primera y tal vez la más importante es la autoestima, que somos nosotros los encargados de fortalecer. Este es un ejercicio diario, que implica “pequeñas grandes” acciones de nuestra parte. La líder del grupo nos planteó un reto para lograr esta meta, en el que debíamos poner en práctica una herramienta cada día. La primera es la aceptación; que nuestro hijo se sienta aceptado y amado incondicionalmente, esto lo podemos lograr expresándole nuestro amor, que a veces creemos que es suficiente con que esté implícito en nuestras acciones, pero expresarlo con palabras de afirmación es necesario; algunas de las frases que se compartieron en el grupo fueron “gracias por enseñarme que las cosas sencillas son poderosas”, “Eres perfecta tal cual eres”, “amo tu gran corazón”.
La segunda herramienta es la confianza y la mejor manera de fortalecerla es evitar la crítica, así que el segundo reto fue pasar un día sin criticar a nuestros hijos. Esto implica auto observación y prudencia. El tercer componente es el afecto; el reto fue decirles a los ojos que los amamos y triplicar las expresiones de afecto no verbales como los abrazos, las caricias; los espacios de ternura que cada padre o madre debe construir con su hijo.
Fomentar la autonomía también es un factor de protección frente a las adicciones, pues si el hijo tiene carácter va a ser capaz de decir “No” cuando le ofrezcan alcohol o algo peor. El reto para fortalecer esta habilidad fue la resolución de problemas; plantearles a los hijos situaciones hipotéticas para que dieran tres posibles soluciones, por supuesto, cada situación de acuerdo a la edad del niño.
El respeto como valor no negociable dentro de la convivencia y base de cualquier relación fue el tema del quinto reto. Hablar con respeto siempre; al dar las órdenes, al hacer un llamado de atención, etc. El sexto valor que hay que transmitir es la importancia de los límites, primero desde el ejemplo, pues si padres e hijos respetan los límites que les impone la sociedad, el niño crece sabiendo hasta dónde puede llegar sin dañarse ni hacerle daño a otros.
Por último está la tolerancia a la frustración; los niños no quieren perder y aprender a perder es tan importante como saber ganar, la vida tiene los dos componentes. Esto lo podemos enseñar los padres a través del juego limpio.
Espero que estas herramientas les ayuden y si quieren ser parte de este movimiento pueden escribir a mariaisabelguerrerosilva@gmail.com
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