Beatriz Chaves Echeverry


Manizales ha sido un centro cultural por tradición. Somos reconocidos a nivel regional y del país como una ciudad culta; nos sentimos honrados por ser la cuna de intelectuales, pintores, escultores, músicos; por contar con prestigiosas universidades, un festival de teatro, una orquesta filarmónica destacada a nivel nacional y una feria reconocida a nivel internacional. Tenemos el orgullo de tener un espacio excepcional para las actividades que enriquecen nuestro intelecto y nuestro espíritu; el Centro Cultural y de Convenciones Teatro los Fundadores.
El sábado 8 de abril fui a este teatro a disfrutar uno de los espectáculos más hermosos que he visto en mi vida: el Ballet Beriozka. Es una presentación que rompe la barrera de lo real a través de su música, coreografías perfectas y un vestuario de ensueño. Todo ello refleja la riqueza de una cultura llena de matices, profundidad y tradición, representada a través de su folclor, como la rusa. El espectáculo duró dos horas y creo que, al igual que los demás asistentes, me sentí feliz y agradecida por el privilegio de presenciar este evento. A las 10 de la noche salimos del teatro y nos dirigimos hacia el centro comercial que ostenta el mismo nombre de nuestro centro cultural, pero que no se lo merece. Allí nos encontramos con una desagradable sorpresa; no nos permitieron el ingreso al lugar, por tanto no podíamos acceder al parqueadero en donde la mayoría de los asistentes al ballet habíamos dejado nuestros vehículos. A algunos nos cerraron las puertas literalmente en la cara, pues apenas eran unos minutos pasadas las diez de la noche, los porteros nos informaron que por políticas de este lugar solo podríamos retirar los carros hasta el día siguiente después de las 9 de la mañana.
Fuimos muchos los perjudicados con la medida, calculo que más de cien personas nos juntamos a las puertas del centro comercial exigiendo que nos permitieran el ingreso para poder sacar nuestros vehículos. Entre las personas afectadas por esta medida absurda se encontraban niños y adolescentes que acompañaron a sus padres al espectáculo y gran cantidad de adultos mayores. Perplejos y cada vez más disgustados por esta situación que parecía inverosímil y ante la negativa del supervisor de vigilancia y demás guardas del centro comercial a permitirnos el ingreso, llamamos a la policía pensando que ésta era la autoridad competente para solucionar el problema, pero para nuestra sorpresa, la policía si llegó pero no hizo nada para ayudarnos. Es triste cuando, como ciudadanos, acudimos a las autoridades para que nos apoyen y protejan en una situación de abuso, en la que están siendo afectados niños y adultos mayores y nos damos cuenta de lo ineficientes que pueden ser. Pero no culpo a la policía por su ineficacia en este caso, tampoco a los guardas y al supervisor; no se puede culpar al mensajero por el contenido del mensaje. Los verdaderos responsables de toda esta situación son las personas que dirigen el centro comercial y determinan sus políticas. Todos los que estábamos allí, pidiendo que nos dejaran entrar a sacar nuestros vehículos del parqueadero, coincidimos en algo: es preferible que cobren el servicio de parqueo en este centro comercial, pero que lo presten de una manera eficiente, conveniente y segura para los usuarios, en el caso específico de aquellos que acudimos a las actividades culturales que se realizan en el Teatro los Fundadores. Impedir el ingreso a los dueños de los vehículos, porque ya son las diez de la noche, a sabiendas de que en el lugar todavía hay actividad en el cine y en el casino es inaceptable y se lee como una represalia en contra de los asistentes al teatro los Fundadores, no es la primera vez que sucede y los organizadores se preguntan por qué razón acude cada vez menos gente al teatro; con semejante desestímulo cualquiera lo piensa dos veces para volver.
Después de esperar una hora a la entrada del centro comercial que no merece llamarse Fundadores, sin que la policía ni los encargados de seguridad nos ayudaran, no quedó otro recurso que optar por la desobediencia civil y colarnos a sacar nuestros carros. La gente manizaleña es pacífica y decente, hay tantas pruebas de ello; como cuando nos aguantamos un mes sin agua por culpa de la falta de previsión de los ineficientes de turno y no hubo ni una sola manifestación ni protesta, pero sí miles de ciudadanos tratando de recolectar agua de lugares inverosímiles para proveer a sus familias del líquido vital. Pero las disposiciones de ese centro comercial hicieron que nos rebeláramos ante el absurdo. Sin lugar a dudas las políticas de ese lugar se oponen a la tradición cultural manizaleña, ojalá sus directivas replanteen sus políticas de uso del parqueadero, para que los espectáculos, que con esfuerzo traen los empresarios a Manizales, no resulten perjudicados por la imposibilidad de la ciudadanía a guardar sus vehículos en un lugar seguro y cercano al Centro Cultural y de Convenciones Teatro los Fundadores. Centros comerciales hay muchos, pero nuestro teatro es único; apoyémoslo y respetémoslo. Es mucho más trascendente para la formación de ciudadanos la cultura que el comercio, si eso no lo entienden los dueños y directivas de ese centro comercial que se busquen otro nombre.
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