Beatriz Chaves Echeverry


El interés porque mi hija Mariana tenga unos buenos hábitos alimenticios ha sido una de las prioridades de mi vida como mamá. No es fácil, pues luchar contra toda la propaganda que les ofrece una cantidad de alimentos que se presentan como “saludables”, “enriquecidos”, “fortificados”, etc., pero que solo están encubriendo alimentos ultraprocesados, llenos de químicos dañinos para la salud; algunos con un alto contenido de azúcar, sal o grasas no saludables, colorantes tan deletéreos como la tartrazina (amarillo # 5) o el rojo número 40, ya conocidos en el medio científico como causantes de reacciones alérgicas y cambios en el comportamiento de los niños o el peor de todos, en mi concepto, el glutamato monosódico, que es una sustancia que potencializa el sabor de los alimentos, pero que causa la muerte de las neuronas por la misma excitación a la que las lleva, y como los fabricantes de alimentos saben que su efecto es tan placentero, se lo echan a casi todo. Haciendo la investigación para este artículo, la directora nacional de RedPaPaz, Carolina Piñeros, me contó que los fabricantes no están obligados a ponerlo en las etiquetas, así que nos lo estamos comiendo o se lo estamos dando a nuestros niños sin ni siquiera saberlo.
Aunque no lo creamos, el tema de la alimentación es muy político, pues hay grandes intereses económicos detrás de las leyes que regulan la industria alimenticia, pero sus dueños son gente muy poderosa, que sabe mover sus hilos. Un caso muy simple y reciente fue la propuesta para ponerle impuesto a las gaseosas y así desestimular su consumo, por supuesto la proposición murió porque tocaba grandes intereses, pero eso sí, para el Gobierno es preferible gravar con impuestos la leche, el pollo o la carne que afectarle las ventas a estos señores; esa es la ética que nos maneja en este país.
RedPaPaz, una red de madres, padres y cuidadores, que aboga por la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en Colombia y fortalece las capacidades de los adultos y actores sociales para que estos derechos se cumplan, ha tomado la bandera para abogar por la buena alimentación de nuestros niños y hace poco lanzó la campaña “No comas más mentiras”, con la que pretende presionar a la industria alimenticia para que sea obligatorio marcar los productos con una advertencia clara y fácil de identificar cuando un producto tenga alto contenido de azúcar, sea alto en sodio, o contenga grasas saturadas, para que contemos con una información más fácil de entender a la hora de escoger los alimentos que vamos a comprar. Cada vez hay más información científica que advierte que el consumo de los alimentos con alto contenido de estos elementos se asocia a la aparición de enfermedades como la diabetes, la hipertensión y los problemas cardíacos y, obviamente, al sobrepeso y la obesidad, que son factores de riesgo para estas enfermedades y muchas otras.
Es muy difícil luchar contra una industria que le está diciendo a nuestros hijos que un jugo de cajita es saludable porque le adicionaron vitaminas y tiene “fruta natural”, aunque el porcentaje de la fruta sea mínimo, o que le hagan pensar a una mamá que es mejor darle al hijito una compota que una fruta de verdad; por mi profesión conozco casos de pacientes que no aprenden a masticar correctamente por una sobreexposición a este tipo de alimentos.
La invitación de RedPapaz es a que todos firmemos la iniciativa y así se dé el apoyo ciudadano que se requiere para que recibamos la información que nos va a permitir diferenciar un alimento saludable de uno que no lo es, y esto se convierta en ley. Es un primer paso, quedan muchos ingredientes ocultos en nuestros alimentos que no deberíamos consumir y mucho menos darles a nuestros hijos, pero hay que comenzar por los más evidentes. Acá les dejo el enlace donde pueden encontrar la propuesta: www.nocomasmasmentiras.org
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