Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Aprender a educar los sentimientos y las emociones es una práctica que requiere fundamentalmente voluntad y paciente observación. Quien logra conocer sus respuestas emocionales -no importa su oficio o profesión- muy posiblemente aprenderá a controlar y a autorregular palabras, gestos, actitudes. Esto, sin lugar a dudas, es de gran ayuda para cualquier persona.
Es necesario estar atento a los pensamientos, a lo que estos generan y a lo que se emprende a través de ellos. Hay pensamientos sanos y positivos, pero también los hay, que son dañinos y negativos.
Existen personas que repiten y repiten de manera incesante imágenes y pensamientos perturbadores con los cuales se hacen daño y, de paso, hacen daño a los demás. Esto por supuesto da pie para malvivir dentro de relaciones tóxicas o corrosivas, llegando quizás a acostumbrarse a vivir así.
Estas vivencias insanas se dan -tal vez- porque no conocen otra manera de relacionarse y van por el mundo sin darse el tiempo para pensar y reflexionar acerca de su forma de ser y de cómo expresar lo que sienten.
Con frecuencia se escuchan frases como:
- Es que mi esposo(a) es muy malgeniado, con él no se puede hablar.
- Hoy llegó con una ceja alzada, señal de que no quiere que nadie se le arrime ni le hable.
- Siempre contesta con dos piedras en la mano, se mantiene armada (o).
- No sabe escuchar, invariablemente está en actitud de ataque y desaprobación.
- Jamás saluda ni contesta los saludos.
- Anda como con el diablo adentro.
Cabe aquí la siguiente pregunta: ¿Se podrá vivir bien con esta forma de responder, de mostrar las emociones o de guardar los sentimientos? Las respuestas son individuales y particulares. No obstante, muchas personas comparten su día a día en estas condiciones y no es gratuito que surja en ellas la amargura, la frustración y el desasosiego.
Las emociones tienen unas funciones claras, ayudan a que los seres humanos se den cuenta de cómo se sienten y cuál es el sentido que cada una de ellas aporta a su existencia, por ello es importante conocer, observar, escuchar, lo que ellas (las emociones) dicen.
La inteligencia emocional ayuda a entender que las emociones tienen varias funciones, entre ellas, una maravillosa que es brindar información. Esta, si se usa de manera sensata y adecuada, ayuda a que la comunicación consigo mismo y con las demás personas sea respetuosa, empática y significativa.
Así entonces, siendo la tristeza la respuesta a una pérdida, una separación, un cambio; ella es la respuesta a un suceso, que produce pena y aflicción. Quizás muestra que hay vínculos que son frágiles y vulnerables o que hay que estar más presentes en el tiempo que se comparte con las personas significativas; también puede ser la oportunidad para sentirse vivos o para poner límites o distancia con actitudes o personas tóxicas.
La inteligencia emocional es un recurso que motiva a abrir puertas, a tender puentes, a soltar las resistencias y a tejer relaciones afirmadas en el bienestar y el cuidado mutuo.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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