
Los restos mortales del sacerdote colombiano, natural de Sonsón (Antioquia) y con familia en Manizales, Diego Bedoya Castañeda, fueron entregados a la Congregación Franciscana a la que pertenecía, informó la Cancillería colombiana en un comunicado oficial.
De acuerdo con los protocolos de la congregación religiosa, los despojos del prelado fueron enterrados en su sede de la Casa Familiar Candelaria, en la ciudad de La Victoria – Estado Aragua, Venezuela, como determinaron sus superiores que viajaron desde España al vecino país para encargarse de su sepelio.
Bedoya Castrillón fue encontrado sin vida en la madrugada del pasado lunes en un ancianato del estado venezolano de Aragua, luego de un presunto asalto a su oficina en el barrio La Otra Banda, parroquia Castor Nieves Ríos del municipio José Félix Ribas, La Victoria.
Según la prensa local, fueron hurtado computadoras, alimentos y objetos de valor.
El padre Bedoya Castañeda tenía 35 años de edad y llevaba más de quince años en Venezuela asistiendo a unos 65 ancianos y niños con discapacidad. Vivió durante ocho años en Manizales, en el barrio Bajo Andes.
Aunque sus familiares en Sonsón pidieron ayuda a la Cancillería para repatriar el cuerpo, las normas venezolanas indican que por haberse tratado de un hecho delictivo violento, y aún en investigación, no es posible ese procedimiento, por lo cual fue entregado a su congregación religiosa.
Comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia lamenta la muerte del sacerdote colombiano Diego Bedoya Castañeda, quien según versiones preliminares fue asesinado en Aragua, Venezuela cuando asaltaron la sede de la comunidad religiosa en la que se encontraba.
Desde que se tuvo conocimiento del fallecimiento del connacional perteneciente a la Congregación de los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca en Venezuela, el Consulado de Colombia en Valencia solicitó a las autoridades competentes de ese país celeridad en las investigaciones tendientes al esclarecimiento de los hechos y la determinación de los responsables del homicidio.
Los restos fueron entregados a la Congregación a la que pertenecía por disposición de las autoridades venezolanas, siguiendo los preceptos y normas de la Orden Franciscana, para que fueran enterrados en su sede de la Casa Familiar Candelaria en la ciudad de La Victoria – Estado Aragua, como lo determinaron sus superiores que viajaron desde España para encargarse de su sepelio.
Por la decisión de su congregación y por cuanto el fallecimiento fue producto de un hecho delictivo violento, lo que hace imposible según la legislación venezolana una repatriación o una cremación hasta que el mismo deje de ser objeto de investigación, su cuerpo no pudo ser repatriado, y así se les informó a sus familiares oportunamente.
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