
COLPRENSA | LA PATRIA | CALI
Las declaraciones que hicieron la semana pasada los delegados guerrilleros para los diálogos de paz, Marco León Calarcá y Rodrigo Granda, negando que las Farc tengan alguna relación con el narcotráfico, ha sembrado la duda sobre la verdadera voluntad que tendría el grupo armado ilegal para cerrar la página del conflicto en Colombia.
Sobre todo porque la participación del grupo guerrillero en la producción y tráfico de drogas está ampliamente documentada en los propios computadores de John 40 y de abatidos jefes de las Farc como Raúl Reyes y Alfonso Cano.
La exministra de Defensa Martha Lucía Ramírez considera que el Gobierno tiene que rechazar “contundentemente esa actitud totalmente cínica y displicente de las Farc en cuanto a que tiene que reconocer que sí han tenido una participación importantísima en el negocio del narcotráfico” y que lo menos que el país espera es que ayuden a identificar las rutas y a desmantelarlas.
“La participación de las Farc en el negocio de las drogas se viene dando desde mediados de los años 80. Desde entonces vienen penetrando el negocio del narcotráfico. Inicialmente, era el impuesto de gramaje, después entraron en el tema del cuidado de los cultivos y posteriormente empezaron a tener cultivos propios y a participar en la comercialización”, dijo la exministra.
Datos del Ministerio de Defensa dan cuenta de que las Farc tendrían una participación superior al 60% en el negocio del narcotráfico y el control de la mayor cantidad de tierras sembradas con coca.
De ahí que analistas y especialistas en seguridad vean con pesimismo que los delegados del grupo guerrillero desconozcan su participación en este mercado y estén mintiendo en la antesala de un proceso que se iniciará apenas en octubre.
Roberto Izurieta, director del Proyecto Latinoamericano de la Universidad George Washington, en Estados Unidos, advierte un panorama poco esperanzador, al menos en lo que tiene que ver con el tema del narcotráfico. “En mi opinión, esta posición de las Farc y la negativa de tener secuestrados o cuerpos, es una demostración de que no van a ser serios en el proceso y me parece un mal comienzo”.
“Las negociaciones funcionan bien cuando se entra en condiciones que no son imposibles de aceptar, cuando se genera credibilidad y se negocia en una base de buena fe y confianza. Yo estaba muy animado cuando se hizo el anuncio, pero los siguientes días comenzaron a venir estos pedidos y el entusiasmo se minimizó sustancialmente”, dijo Izurieta.
Fuentes militares bajo reserva de identidad recordaron las innumerables oportunidades en las que operativos contra el narcotráfico y cultivos ilícitos terminaron en combates con la guerrilla de las Farc.
“Para no ir tan lejos, recuerde usted el caso del reportero francés Romeo Langlois que acompañaba las Fuerzas Armadas en una operación contra el narcotráfico y terminó secuestrado por las Farc en medio de los enfrentamientos con ese grupo ilegal.
¿Qué cree que estaban haciendo las Farc en el sitio del operativo?”, se preguntó la fuente, quien aseguró que las Farc no lo van a reconocer nunca “porque no es lo mismo que el Gobierno vaya a negociar con una organización narcotraficante, como en realidad son, que con un grupo insurgente, como quieren mostrarse, porque esa realidad les cierra las puertas del mundo”.
El acuerdo que discutirán en Noruega el Gobierno y las Farc propone, sobre el tema de las drogas, un enfoque integral que abarca desde planes de sustitución de cultivos a programas de prevención de consumo y salud pública, pasando por “la solución del fenómeno de producción y comercialización de narcóticos”.
Luduime Zumpolle, una de las personas que lideró la inclusión de las Farc en la lista europea de grupos terrorista, le dijo a El País que si ellos “no reconocen su participación en el tema del narcotráfico, no hay absolutamente nada qué negociar; porque es ese el motor de la guerra. Todos saben que las Farc viven del narcotráfico y si lo niegan, mejor es que no pierdan el tiempo en sentarse en una mesa”.
“Yo acabo de llegar de Putumayo e invito al señor Marcos Calarcá que se dé una pasadita por el Bajo Putumayo y se entere de cómo las Farc protegen sus cultivos de coca con minas antipersona, al lado de los colegios y haciendo prisioneros a los campesinos y a los niños que no se atreven a jugar porque le temen a los campos minados”, dijo la holandesa.
La información en manos de Inteligencia del Ejército señala que la relación de las Farc con el narcotráfico no era sólo con El loco Barrera, sino que en la lista de sus socios también figuran nombres como Luis Enrique y Javier Antonio Calle Serna, conocidos como Los Comba y con Pedro Olivero, alias Cuchillo.
El internacionalista Enrique Serrano aseguró que en muchas ocasiones se ha podido establecer que en realidad el narcotráfico solo cambia de manos o de nombre o de fachada.
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