Daniel Suárez Zarta
Efe | LA PATRIA | Bogotá
La capital colombiana quedó paralizada ayer por una ola de vandalismo y violencia en el sur de la ciudad. Esto obligó a las autoridades a decretar un inédito toque de queda en todo Bogotá para tratar de restaurar el orden público.
La medida se tomó inicialmente para tres populosos barrios del sur, los de Bosa, Kennedy y Ciudad Bolívar, pero ante el deterioro de la situación el presidente colombiano, Iván Duque, pidió al alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, la ampliación a toda la ciudad.
"Le he solicitado al alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, que apliquemos toque de queda en toda la ciudad, a partir de las 9:00 de la noche y hasta las 5:00 de la mañana. Nuestro objetivo es garantizar la seguridad de todos los bogotanos", escribió Duque en su cuenta de Twitter.
Antes de la entrada en vigor de esta medida de excepción, que Bogotá no recuerda en su historia reciente, las calles de la capital, de unos siete millones de habitantes, se veían desiertas en una noche de viernes.
El poco movimiento que se observaba era de trabajadores que caminaban apresurados hacia sus casas por la ausencia de transporte público y de grupos que se manifestaban contra el Gobierno con un cacerolazo en algunas plazas.
Previo, el alcalde había decretado la ley seca que comenzó a regir al mediodía y hasta la misma hora de hoy.
Ola de violencia
La violencia se apoderó ayer de varios barrios del sur de Bogotá en los que encapuchados se enfrentaron a la Policía y saquearon comercios, una secuela de los disturbios del jueves tras la protesta pacífica contra la política económica y social del Gobierno.
Desde las primeras horas de la mañana vándalos bloquearon las principales estaciones de transporte público en el sur de la capital, preludio del caos que se desató horas más tarde en barrios populares como Patio Bonito, Molinos, Perdomo, Meissen y Tintal, así como en la vecina localidad de Soacha, que también declaró el toque de queda.
La Alcaldía respondió con el envío de decenas de policías, incluidos miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) que repelieron con gases lacrimógenos los ataques con piedras y otros objetos por los vándalos.
La estación de Molinos fue la más afectada y quedó completamente destruida, mientras que en la de Biblioteca El Tintal ciudadanos se interpusieron para proteger a un grupo de policías cercado por agitadores.
Durante los dos días de protestas han muerto al menos tres personas, dos de ellas en Buenaventura, principal puerto en el Pacífico, y la otra en Candelaria, municipio del Valle del Cauca.
Saqueos a comercios
Los delincuentes se ensañaron con los comercios del sur de Bogotá, principalmente con los supermercados que saquearon.
Una escena impactante de la jornada fue el robo en el barrio Ciudad Bolívar de un autobús del Sistema Integrado de Transporte Público por agitadores que luego lo utilizaron para derribar la puerta de un supermercado y enseguida saquearlo.
En respuesta, un grupo de ciudadanos increpó a los ladrones y obligó a algunos a devolver la mercancía robada.
"Lamentablemente ha habido un vandalismo generalizado", manifestó el alcalde, quien dijo que hay 4 mil soldados del Ejército apoyando a unos 20 mil policías en la vigilancia y mantenimiento del orden.
Peñalosa añadió: "Aquí hay entonces unos delincuentes que quieren destruir nuestra democracia, que quieren destruir nuestra ciudad y que creen que van a lograrlo", manifestó el alcalde y aseguró que hay 230 capturados por esos hechos.
La violencia fue rechazada por el Consejo Gremial Nacional, que mediante un comunicado expresó su respeto a la manifestación democrática del jueves y resaltó el compromiso de la mayor parte de la ciudadanía con las manifestaciones pacíficas.
No obstante, el Consejo Gremial dijo que condena los actos de vandalismo que vulneraron derechos de los ciudadanos y de la empresa privada, los cuales derivaron en la destrucción de bienes públicos y privados generando zozobra en la sociedad y ocasionando grandes pérdidas económicas.
Antes de la declaración del toque de queda, la Policía dispersó con gases lacrimógenos en la céntrica Plaza de Bolívar un nuevo cacerolazo contra el Gobierno de Duque, justo cuando los manifestantes comenzaron su protesta.
Los ciudadanos, en su mayoría estudiantes, golpeaban sus cacerolas cuando miembros del Esmad les arrojaron gases lacrimógenos y la protesta se dispersó.
Una situación similar ocurrió en el Monumento a Los Héroes, en el norte de la ciudad, donde el Esmad también dispersó con gases y bombas aturdidoras otra protesta pacífica que había comenzado minutos antes.
La víspera, decenas de miles de colombianos salieron a las calles de todo el país en ambiente festivo para expresar su descontento con el Gobierno, tras lo cual vándalos aprovecharon la situación para provocar desórdenes en Bogotá, Cali y otras ciudades.
Los habitantes de Bogotá no recuerdan una ola de violencia como la de ayer, y los más viejos evocan la oscura época del Bogotazo, la revuelta que se desató el 9 de abril de 1948 por el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, magnicidio considerado un marco de la violencia en Colombia.
El presidente de Colombia, Iván Duque, anunció que la próxima semana iniciará con todos los sectores políticos y sociales un diálogo nacional para mejorar su Gobierno tras dos días de manifestaciones en todo el país seguidas de una ola de violencia.
"Trabajando así, de manera unida, en una visión de mediano y largo plazo, que nos permita cerrar las brechas sociales", dijo el jefe de Estado en una alocución televisada.
Según explicó, esa conversación se realizará en las regiones con todos los sectores políticos y sociales, para lo cual se utilizarán medios electrónicos y mecanismos participativos para todos los colombianos, y buscará tener un cronograma claro para que todos puedan edificar un camino significativo de reformas.
Desde que las centrales obreras de Colombia convocaron la jornada de protesta del jueves, distintos sectores le sugirieron a Duque un cambio en su política económica y social, así como un acuerdo nacional, pero hasta ahora el mandatario ha sido esquivo a esas propuestas.
"Estamos juntos en la tarea de construir el futuro. Estoy seguro de que el inicio de esta conversación en todo el territorio, de frente, abiertamente, con ustedes, nos permitirá seguir fortaleciendo nuestra democracia, y que todos, unidos, pasemos las páginas del odio, de la violencia y de la desigualdad", añadió.
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