
Jhon Jairo Martínez
LA PATRIA MANIZALES
Esta es una historia de Navidad contada por su protagonista. Un hombre que siguiendo la tradición de su padre, el periodista de LA PATRIA Ariel Cardona, quien falleció a mediados de 2012, quiso hacer un pesebre en la rotativa de este diario, algo que nunca antes se había hecho por la misma dinámica laboral en este lugar.
Por eso Andrés Cardona es hoy el precursor de una iniciativa que le da el reconocimiento en el periódico de ser quien le dio la Navidad donde antes solo había máquinas, overoles, tapaoídos y mucho ruido. Claro que esto sigue igual, pero las guirnaldas y las luces de colores le dan otro toque a esa fría bodega.

Los pesebres que hacía don Ariel Cardona fueron dignos de mostrar. Desde el primero de diciembre comenzaba con su familia a trabajar prácticamente día y noche para tener la mejor representación del nacimiento de Jesús.
La tradición de la Navidad en mi familia es muy fuerte. Cada año el pesebre y el arreglo de la casa nos reúne a todos, y gracias a las enseñanzas que nos dejó mi padre, este año no podía dejar pasar así como así esta fecha en el trabajo.
El ocho de diciembre fui programado para trabajar. Toda mi familia se fue para una finca y yo quedé solo. Ese día con unos retazos de tubos de cartón armé los faroles y me los llevé para la puerta de LA PATRIA. Prendí las velas, oré un rato y justo ahí, como inspiración divina de mi padre, se me ocurrió armar el pesebre.
Cuando terminé el turno no tenía para donde irme, no quería estar solo en la casa, así que decidí ponerme a trabajar.
Cogí unos tubos de cartón y todo el material desechable que genera la empresa, y poco a poco comencé a darle forma a este pesebre.
Fue así como con pocas luces, los logos de LA PATRIA estampados en cinta, unos peces vivos en un pequeño recipiente transparente y mucho amor por la Navidad, Andrés demostró porque antes de trabajar para este diario le pagaban para que armara pesebres por toda la ciudad.
Una pausa en la voz y un silencio corto mientras recuerda a don Ariel, son suficientes para entender porqué Andrés siente ese amor por la Navidad, pues como el mismo cuenta: “mi padre me dejó esto y no lo puedo dejar perder”.
Ante los elogios por su trabajo creativo, Andrés le responde a sus compañeros: “no hay pesebres bonitos o feos, solo hay grandes, pequeños y raros, pero lo que importa es tener donde rezarle a Dios”.
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