
La que ayuda
Si a quienes conocen a Amparo Gómez les pusieran como tarea pintarla, harían un cuadro sin mayores contrastes, quizá de colores claros, vivos, sin una mácula de oscuridad. Así la describen. Una mujer completa y desinteresada que merece el reconocimiento que recibirá de LA PATRIA el próximo jueves como Caldense del año.
No se trata de aquella mujer que se volvió filántropa después de un acto de conversión, sino de quien desde siempre ha transpirado aquello que llaman en la calle "don de gentes". Teresa Castañeda, quien la conoce desde hace 37 años, define esto como un espíritu innato. "Desde cuna ha tenido plata, pero nunca le ha importado el estrato". La afirmación la reiteran de diferentes maneras sus familiares, empleadas y amigas.
¿Cómo empezó todo esto? En su círculo es bien conocida la historia de que hace 11 años la hija de Amparo, María Fernanda, recreaba a niños enfermos de cáncer en el Hospital Infantil, y ambas decidieron ayudarlos al percatarse de que en algunos casos los papás debían interrumpir el tratamiento y llevárselos porque no tenían plata para el desplazamiento y el alojamiento. Esta es la historia, digámoslo así, oficial.
Pero Beatriz Arango, su cuñada, cuenta que antes de eso la familia había recibido una carta en la que Amparo les decía: "quiero dedicarme a los pobres".
Así lo hizo, y de qué manera. Por las 65 camas del Hogar de la Divina Misericordia pasan a diario niños enfermos de leucemia que están en tratamiento en Manizales, junto con sus padres, que vienen de afuera, "de finca", describe Teresa, quien es la supervisora. A la hora del almuerzo, si se suman los viejos del ancianato, que opera en un sitio cercano, son alrededor de cien comensales.
Recorriendo las instalaciones del Hogar el miércoles pasado, dos pisos llenos de cuartos y salas de televisión, a Teresa una madre la consultó:
-¿Será que tienen unos guantes para mi bebé?
-Creo que ya se acabaron, pero voy a buscar -respondió la supervisora, que continuó su camino hacia otro pasillo.
Atrás, al lado de la madre, un pequeño le preguntó:
-¿Guantes?, ¿y es que aquí también regalan guantes?
La orden de Amparo es que no falte nada, y además, que "no se puede tacañear con nada". ¿Faltan arepas para el desayuno? "Vayan y las compran al supermercado ya", les ordena a las encargadas.
Irene Uribe, que trabaja en El Ropero, local creado para vender prendas usadas y generar ingresos para el Hogar, termina este cuento con una frase sencilla: "a todo el que llega trata de ayudarle".
La devota
Lo cuenta Beatriz: "el marido (Carlos Arango, ya fallecido) decía que a él la Virgen le quitaba el espacio en la casa".
Si quita espacio o no, vaya y venga, pero al menos en el Hogar la Virgen aparece en cuadros colgados en el primero y el segundo piso, o como efigie en la sala. También, letras de oraciones bordadas en punto de cruz y convertidas en cuadros. Allí hay un oratorio donde celebran misa cada semana.
Ella siempre deja ver su ferviente creencia a pesar de que la muerte, de la mano del cáncer, se pasee diariamente por los pasillos del Hogar. La prosperidad de su obra se la atribuye a la ayuda divina. Beatriz lo ilustra con una anécdota: "un día la vi haciendo un cheque de $7 millones, y entonces le pregunté: 'Amparo, ¿y es que tú tienes toda esa plata?', y me respondió: 'no la tengo, pero Dios me la va a dar'. Era para arreglar el piso de la casa que habían comprado para trabajar. Pues a los dos o tres días un señor de Manizales le regaló un carro y con eso pagó el piso".
Igual pasó con el ancianato, del que tantos le advirtieron que era una empresa muy arriesgada, a lo que siempre respondió que "el de arriba", como lo llama Beatriz, la iba a ayudar. Y hasta ahora funciona.
La ejecutiva
Al hablar con las empleadas del Hogar y El Ropero, y al ver cómo funcionan ambas instituciones, uno concluye que la mano que Amparo dice recibir del cielo es un complemento de la organización que ella les imprime a sus obligaciones terrenales.
Para ello no solo le encomienda su seguridad y la de los suyos a la protección celestial, sino a un sistema de cámaras de vigilancia en los dos lugares, y a un grupo de empleadas en las que confía plenamente.
Banny Jaramillo da cuenta de ello. Ajusta nueve años como su secretaria y lleva la contabilidad en El Ropero, y narra con algo de asombro que su jefa no teme dejarlas solas en el negocio. Además, cuando está y requiere poner orden, lo hace con temple. "No le gusta tener ningún enredo, por lo que cuando se acerca la quincena se apura a pagar, e igual de estricta es con las obligaciones ante la DIAN".
Ese temperamento fuerte, explica Irene, es lo que ha permitido que la gran obra de caridad de Amparo salga a flote. Así vea a los niños y se incline para saludarlos, o se abalance sobre un viejo para abrazarlo, a la hora de administrar lo hace con pericia.
Y con bajo perfil, preferiblemente. Son 11 años de trabajo en Manizales en una labor pública, a pesar de lo cual no resalta en las páginas sociales ni en otros escenarios que le darían mayor figuración. Concluye Teresa, la supervisora del Hogar: "ella da, pero no quisiera que se dieran cuenta de que lo hace".
Para tener en cuenta
*El próximo jueves a las 7:00 de la noche, en la iglesia La Inmaculada, de Manizales, será la ceremonia de entrega del galardón como Caldense del año a Amparo Gómez.
*Su designación se dio el pasado 28 de junio tras la deliberación del jurado conformado por María Leonor Velásquez, consultora del ejercicio de planeación Estoy con Manizales; sacerdote Leopoldo Peláez, rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora, y María Cristina Garzón de Adholps.
*El acta del jurado decía: "se destaca la labor social que ha venido realizando en favor de las familias de niños y jóvenes enfermos que viven fuera de Manizales y personas mayores que están desamparadas".
*La postularon el Comité Intergremial de Caldas, Corporación Cívica de Caldas, Andi, asociación Plenitud Tercera Edad, Club de Jardinería de Manizales, Cruz Roja seccional Caldas y Cámara de Comercio de Manizales.
*En el 2006 le reconocieron su labor con el premio Mujer Confamiliares.
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