EDUARDO DAVIS
EFE | LA PATRIA | BRASILIA
Cientos de miles de ciudadanos tomaron ayer las calles de 150 ciudades de Brasil y exigieron la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, quien está cada vez más acorralada por la corrupción en Petrobras y una economía casi en recesión.
Las protestas fueron convocadas por grupos opositores ajenos a la política formal y fueron menores que otras dos realizadas este año, que llegaron a congregar a 2,5 millones de personas, aunque tuvieron como diferencia el coro que ayer gritó "Fuera Dilma" en todo el país.
En todos los casos, en boca de los manifestantes estuvieron las corruptelas en Petrobras, que involucran a dirigentes del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), y la crisis en que se ha sumergido la economía nacional, que este año se encogerá en torno a un 1,5%.
La convocatoria fue apoyada por ciudadanos de unas 150 ciudades que tomaron las calles desde las primeras horas, vestidos en su gran mayoría con los colores verde y amarillo de la bandera brasileña.
La mayor concentración se dio en la Avenida Paulista, el corazón del mundo de los negocios y las finanzas en Sao Paulo y el principal bastión electoral de unos partidos de oposición más envalentonados y que ayer, a diferencia de las manifestaciones realizadas en marzo y abril pasados, salieron a la calle en respaldo a la protesta.
La Avenida Paulista fue totalmente ocupada por los manifestantes y la Policía informó de que sólo allí se concentraron unos 350.000 ciudadanos.
En el resto del país, los cálculos de la Policía apuntaban a que medio millón de brasileños dedicó el domingo a protestar.
En Belo Horizonte, el excandidato presidencial Aécio Neves se sumó a los manifestantes e incluso pronunció un breve discurso ante unas seis mil personas.
Neves, presidente del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y quien perdió frente a Rousseff las elecciones de octubre pasado por tres puntos porcentuales, declaró que el país "no acepta más impunidad, mentira y corrupción".
También exigió que se profundicen las investigaciones sobre unas maniobras fiscales que el Gobierno habría hecho el año pasado para "maquillar" sus cuentas y sobre las sospechas de que dinero desviado de Petrobras alimentó la última campaña electoral de Rousseff, lo que la oposición considera que pudiera llevar a su destitución.
Las protestas también tuvieron como blanco al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, fundador del PT, antecesor y padrino político de Rousseff, a quien los manifestantes representaron con enormes muñecos que vestían trajes a rayas de presidiario y tildaron en sus pancartas de "jefe" de la corrupción en Petrobras.
La única reacción del PT ayer frente a las protestas fue un acto de solidaridad con Lula y Rousseff, realizado frente al instituto que el expresidente dirige en Sao Paulo, que congregó un millar de personas.
Rousseff, por su parte, convocó para una reunión a algunos de sus ministros, tras la cual el titular de Información, Edinho Silva, dijo en una nota de apenas una línea que las protestas prueban la "normalidad democrática" que vive el país.
La respuesta del gobernante Partido de los Trabajadores y de los movimientos sociales que apoyan al Gobierno será el próximo jueves, cuando han sido convocados actos en todo el país en defensa de la democracia.
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