Cristóbal Ugarte, nieto del gran poeta chileno Nicanor Parra, leyó ayer unas palabras de agradecimiento de su abuelo por la concesión del Premio Cervantes, con las que pidió una prórroga "de mínimo un año" para poder "perigueñar" un discurso "medianamente plausible".
"Don Quijote no cabe en un fin de semana", le decía Nicanor Parra "hace unas pocas horas" a su nieto, quien, en presencia de los Príncipes de Asturias, del presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y de numerosas autoridades, contó que antes de viajar a España, había dejado a su abuelo "en su casa de Las Cruces, en la costa chilena, rodeado de libros".
"La mayoría de ellos son versiones y estudios del Quijote, pero hay también algunos libros de la biblioteca de Don Quijote, como, por ejemplo, los seis tomos de 'La araucana', de Alonso de Ercilla", dijo el nieto antes de leer varios poemas de Parra.
La ausencia del premiado le restó cierta solemnidad a esta entrega de Premio Cervantes, pero aunque Parra no haya podido viajar a España dada su avanzada edad, sus palabras y poemas, leídos por su nieto, resonaron en el hermoso paraninfo de la universidad de Alcalá, vinculada eternamente a Cervantes y situada a las afueras de Madrid.
Nicanor Parra, de 97 años, se suele tomar con mucha calma eso de elaborar un discurso, sea del tipo que sea, y dice al respecto: "Yo demoro seis meses en armar un discurso que se lee en 45 minutos y que parece que estuviera improvisado".
Con voz firme y con las modulaciones adecuadas, el nieto de Parra leyó varios poemas y antipoemas del genial poeta chileno, que fueron redactados en la máquina de escribir que "está hoy con nosotros" y que mañana depositará en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, cuya sede se encuentra en la capital española.
"¿Esperaba este premio?", le preguntan a Parra en uno de los breves poemas leídos ayer. "No/ Los premios son/ como las Dulcineas del Toboso/ Mientras pensamos en ellas/ lejanas/ sordas/ enigmáticas./ Los premios son para los espíritus libres/ y para los amigos del jurado/", dice Parra con su habitual sorna.
Se trataba de agradecer el Premio Cervantes, considerado el Nobel de las letras hispanas, y en varios de esos poemas se aludía al creador del Quijote, como en "La seriedad con el ceño fruncido".
Las palabras de agradecimiento por el Premio Cervantes acabaron con uno de los poemas más hermosos del escritor: "El hombre imaginario".
"El hombre imaginario/ vive en una mansión imaginaria/ rodeada de árboles imaginarios/ a la orilla de un río imaginario...", comienza ese poema que Nicanor Parra ha recitado tantas veces en su casa al borde del Pacífico.
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