
LAURA PÉREZ-CEJUELA Y ALFONSO FERNÁNDEZ
EFE | LA PATRIA | BRUSELAS | WASHINGTON
La covid provocó una crisis económica de enorme magnitud con miles de empresas que solo sobreviven gracias a ingentes ayudas públicas, algo que ha reavivado el debate sobre el futuro del capitalismo.
El desembarco masivo de respaldo del sector público para mantener la economía a flote ha hecho saltar por los aires los fundamentos de un sistema que, cuando no azotan las crisis, reclama la mínima intervención del Estado y la máxima libertad para el mercado.
Ayuda estatal sin precedentes En EE.UU. el paquete de estímulo aprobado en marzo, fue de 2,2 billones de dólares, y el Congreso y la Casa Blanca acordaron un segundo rescate por 900 mil millones de dólares.
El ambicioso programa en la primera economía del mundo incluye las transferencias directas de efectivo a los ciudadanos, el reforzamiento de los subsidios de desempleo y un multimillonario mecanismo de apoyo a pequeñas y medianas empresas para que eviten despidos.
Desde la Gran Depresión de 1930, no se veía una intervención estatal de semejante escala en el faro del capitalismo mundial, y el fin de la Segunda Guerra Mundial abrió la puerta a un nuevo orden económico mundial basado en la cooperación internacional y el surgimiento de los modernos sistemas de bienestar social.
Al otro lado del Atlántico, la Unión Europea (UE) movilizó tres billones de euros en líneas de avales y ayudas públicas para mantener a flote a las empresas y 575.000 millones de euros en medidas fiscales destinadas a proteger el empleo y reforzar sus sistemas sanitarios.
El Banco Central Europeo desplegó su artillería para asegurar que fluya el crédito, con un nuevo programa de compra de deuda de la eurozona de 1,35 billones de euros, y los 27 acordaron un billonario plan de recuperación con emisión de deuda conjunta, un paso impensable antes de la pandemia y otro de los tabúes que se ha desvanecido con ella.
Quizá estemos a las puertas de esa nueva transformación que logre reinventar el capitalismo.
Una nueva fase
“Lo cierto es que el actual sistema capitalista, tal y como está diseñado, no cumple con los objetivos de ofrecer buena salud, buena educación y buenos trabajos a los ciudadanos”, subrayó Josh Lipsky, del centro de estudios Atlantic Council en Washington.
“Tras la Segunda Guerra Mundial hubo enormes programas públicos tanto aquí en EE.UU. como en Europa -apuntó Lipsky- y luego en 1980 con la llegada de Ronald Reagan (presidente de EE.UU.) y Margaret Thatcher (primera ministra del Reino Unido) se inauguró una era de desregulación, en la que floreció el sector privado”.
“Es posible que ahora estemos entrando en una tercera fase, en la que nos enfocamos en ver cómo ambas partes pueden trabajar de manera conjunta”, agregó.
Para el investigador del Real Instituto Elcano Federico Steinberg, “muy probablemente de esta crisis vamos a salir con Estados más grandes, con regulaciones más importantes, con empresas públicas más presentes y con impuestos más altos, pero esto será otra fase del capitalismo y de la globalización”, no el fin del mismo.
A su juicio, el virus sobre todo acelerará tendencias que venían de antes, como la contestación al libre comercio y a la globalización financiera, las tensiones sociales y políticas por una desigualdad que se agudizará con la crisis, o la reflexión sobre cómo hacer tributar a las empresas tecnológicas, que serán “de las únicas que van a ganar en esta pandemia”.
La crisis ha puesto de manifiesto que “durante mucho tiempo los gobiernos han recortado el gasto en bienes públicos, infraestructuras, servicios, y ahora se nos vuelve en contra”, con sistemas sanitarios desbordados o escuelas mal equipadas para lidiar con la pandemia, apunta Lisa Tostado, de la Fundación Heinrich Böll en Bruselas.
Reequilibrio
Si bien los Estados tendrán que seguir interviniendo a corto plazo ante las aciagas perspectivas de recuperación, no está tan claro que la pandemia vaya a traer cambios estructurales a largo plazo en la relación entre Estado y mercado, explicó Frederico Mollet, analista del Centro de Política Europea.
Por un lado, muchos de los motores para ello -cambio climático, preocupación por las cadenas de suministro, autonomía tecnológica- “preceden a la pandemia”. Por otro, esta “ha revelado hasta qué punto puede el Estado movilizar recursos” ante una crisis, pero está por ver que ello lleve a una “mayor voluntad” de usar recursos públicos para responder a otras situaciones.
“En los próximos años habrá una participación mucho más extendida del sector público en empresas privadas, pero espero que cuando la situación se normalice, en tres o cuatro años a partir de ahora, los gobiernos vendan gradualmente estos activos”, como ocurrió con los bancos rescatados en la crisis financiera, pronosticó Zsolt Darvas, investigador del centro de estudios europeo Bruegel.
En Europa volverán a la normalidad las normas de ayudas de Estado, que se flexibilizaron para dar manga ancha a los países, así como el Estado del Bienestar, que se ha “ampliado temporalmente” con ayudas para proteger el empleo que no podrán mantenerse a largo plazo, sostuvo Darvas.
“El capitalismo, como todos los sistemas, es propenso a los problemas - recalcó - pero tanto la crisis financiera global, como la gestión de la crisis actual muestran que dentro del sistema hay instituciones capaces de actuar para abordar cualquier crisis”.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), referente de la ortodoxia económica, ha instado a los autoridades a emplear todas las herramientas disponibles para mantener a flote la economía ante la mayor crisis económica desde la Gran Depresión.
La institución conocida por sus llamamientos a la austeridad se salió del libreto al instar a las autoridades a contener la crisis con ambiciosos programas de estímulos fiscales para proteger a los trabajadores y empresas.
“Gasten lo que sea necesario, pero guarden las facturas”, advirtió Vítor Gaspar, director del Departamento de Asuntos Fiscales de la institución.
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