Fernando-Alonso Ramírez
LA PATRIA | Manizales
La mejor manera de remendar las heridas causadas por un corazón roto es la literatura. Así lo fue para Triunfo Arciniegas, quien de niño fue separado de su primer amor, su abuela Emperatriz, cuando él debió irse de Málaga con su familia a vivir en Pamplona (Norte de Santander).
Para superar la ausencia, empezó a escribirle cartas a su abuela analfabeta, que otros le leían, y en el momento en el que se le acabó la realidad empezó a inventar historias que hoy continúan cumpliendo la tarea de remendar su corazón y el de muchos otros.
¿Cuando escribe no es como seguir escribiéndole las cartas a la abuela?
Sí, uno acomoda los hechos a su antojo. Lo curioso es que mi abuela no sabía leer, imagínese. Había alguien que le leía las cartas, y ese fue mi primer gran amor, y hubo esa separación, haber conocido el amor y el dolor tan temprano, y eso es lo que lo hace a uno escritor, ese conocimiento de la vida, es lo que sostiene las historias.
Los tirajes de los libros de Triunfo Arciniegas los desearían otros escritores colombianos, cuyos nombres son más conocidos. En México se editan sus títulos por tiradas de casi 100 mil ejemplares.
Hay que verles las caras a los niños cuando Arciniegas, como le gusta llamar al alter ego en sus cuentos, les lee. Bien sea Roberto está loco, obra para los más pequeñitos, que habla de un sapo que hace todo al revés, pero aún así es feliz. O cuando de su boca y riesgo les cuenta la otra cara de Caperucita Roja y otras historias perversas, esa que él investigó y que permitió reivindicar al feroz, del que se sabe que sigue huyendo de la Policía por temor a que le llenen el buche de piedras.
— ¿No me sacó un billete?— Les preguntó a los niños que lo escuchaban en el Centro de Museos de la Universidad de Caldas, durante la VII Feria del Libro de Manizales.
— nooooooooo-, gritaron su respuesta.
— ¿Seguro…?
— Sííííííí
Un joven animador de lectura le acomodaba el micrófono inalámbrico en su bolsillo, y él aprovechó para bromear con los niños, pero ellos querían escuchar el final, el mismo que hizo famoso a Arciniegas por trastrocar el imaginario infantil de los relatos de toda la vida. Esa obra que puso la literatura infantil colombiana en el radar mundial en el que el autor hace una tierna defensa de un lobo usado por una Caperucita engreída, caprichosa y ambiciosa.
—¿Qué se te ofrece? ¿Eres el lobo feroz? Me quedé mudo. Sí era el lobo, pero no feroz. Y solo pretendía regalarle una flor recién cortada. Se la mostré de súbito, como por arte de magia.
¿Quedaron picados? Es la hora de leerlo, un cuento que disfrutan tanto niños como adultos. En eso radica buena parte del secreto de Arciniegas, en picar a los posibles lectores. En su maleta, que lleva a cada taller, escondía varios libros suyos, y en la que también, dice, esconde a la culebra Margarita. De allí sacaba con cuidado, de no ser mordido, libros y libros que les mostraba despacio a los niños y luego los volvía a la maleta. "Ahí quedan con la curiosidad y después cuando lo vean en una librería querrán leerlo", cuenta.
"Y eso le pasa a uno". Como le sucedió con la película El animal moribundo, basada en la obra de Philipe Roth. Escuchó de boca de un personaje: “Extraño los lugares en los que nunca he estado”. Salió del cine derecho a comprar el libro. Lo devoró. Ya lo ha leído cuatro veces, pero la frase no está allí, fue invención del guionista, seguramente. A él igual le encantó y no duda en recomendarlo. “Que caigan los otros, así como cae uno”, y se echa a reír.
- ¿Cómo hace para mantener encendido el bombillo de la imaginación? Sorprender a los niños parece cada vez más difícil.
Es que hay un fondo básico, como las grandes verdades de la vida. Los miedos que tenemos, los sueños, eso que nos alimenta en distintas épocas y siglos. Lo que es el ser humano en esencia es lo que hay que tener en cuenta. Un ejemplo exacto: tengo un libro que se llama La silla que perdió una pata y otras historias. Cuento la historia de las sillas alrededor de la mesa. Que la una pierde una pata, que la otra se queda sin pintura, que la otra se la roban, que la otra le falta tal cosa, y al final quedan dos o tres sillas y ya no son suficientes para la casa.Tienen que traer nuevas sillas, y que vienen son de plástico, muy distintas a las antiguas. Lo que uno ve ahí es el paso del tiempo, o esa persona que ya no está tan metida en el asunto cotidiano, sino que se va aislando. En el fondo es la historia de nuestra vida, no de la silla, ese es el pretexto. Y al niño que la oye eso también lo toca. Hay un fondo común a todos nosotros y funciona en cualquier país, en cualquier idioma, ese es el secreto.
Asegura que uno se olvida de cuando era niño. “Uno se vuelve muy serio, entra en razón, se llena de costumbres, de prevenciones, de buenas maneras. El niño ¡qué buenas maneras ni que nada! Él dice la verdad”.
Por eso entiende que el niño sí tiene una mente mágica, como el hombre primitivo. “El niño confunde imagen y objeto, ese hombre en las cuevas de Altamira no dibujaba el animal, para él ese dibujo era el animal. Cuando uno se pone una máscara ante un niño, uno es el monstruo, para uno es un juego, para el niño no. Es literal”.
Lamenta que haya autores que no respeten al niño. “Lo que pasa es que uno pierde la magia y es menos. Estamos hablando de un niño que es mágico, prodigioso, capaz de cambiar el mundo, que tiene tantísimos sueños y disparates, y a medida que uno crece ve que no es posible, pero el niño cree en esa magia”.
- Y en los talleres con los niños, a usted no le importa que hablen, que estén distraídos. Usted arranca y los va encantando.
Las historias los agarran, los fascinan. Yo aprendí eso cuando trabajaba como profesor. Empecé a llevarles cuentos de hadas y me di cuenta cómo funcionaba. Me decía, estos cuentos tienen 200, 300 años y funcionan. Ver esos ojos grandes, esa boca abierta, son unos demonios, pero allí estaban como angelitos. Con los niños no funciona una sesión de preguntas y respuestas, ellos van a que los entretengan. La pregunta es más para adultos que están interesados en los talleres en cómo acercarse con los libros a los niños.
Arciniegas es ante todo un lector, y vaya qué lector. Quienes conocen su casa, saben que está dispuesta para albergar libros, principalmente, y alimenta una biblioteca portátil. Se trata de su blog De otros mundos, compendio de buena literatura, guía de libros y de autores, un mundo en varios idiomas del que se puede beber por meses.
Le gusta del ciberespacio que es universal e instantáneo. "Uno saca algo y lo están leyendo en Ucrania, en Rusia, algún curioso está mirando por ahí. Me he propuesto hacer una biblioteca, que está a la mano en cualquier lugar y momento, incluso yo mismo la consulto para ver un dato".
Es también su oportunidad de poner en práctica sus estudios de traducción porque publica enotros idiomas, trata de ir al original. Así está enterado de ciertas cosas, de buenos libros que aún no han salido en español. "Es compartir, se trata de compartir". Y como si hubiera necesidad de dejarlo claro, Arciniegas insiste en el lector que es, muy diverso. “La parte de la literatura infantil es muy pequeña en realidad al compararla con todo lo demás que leo”.
- Y que escribe.
Sí, además, los libros que escribo son libros que deben funcionar para todos. Que sean historias igual de interesantes para todo lector, no que porque es para niños tengo que quitarle y quitarle, pero no se ve al escritor así, no se le da ese lugar.
- Es una paradoja, creo, que usted escriba literatura infantil y erótica de buena factura.¿Cómo funciona el proceso creativo para una y otra cosa?
Es muy curioso. Uno quisiera escribir todos los días, eso no siempre funciona. Hay díasmiserables en que uno no hace nada. A veces uno no es capaz ni siquiera de leerse, días malos, horribles y días que sí funcionan. Es imprevisible. Yo no tengo ese dominio que tiene un Vargas Llosa, esa disciplina. Soy más un Onetti, que decía: “para Vargas Llosa la literatura es su esposa, para mí es la amante”.
- Cuando se puede...
Es más ocasional, es más clandestino, no es tan oficial la cosa, cuando ella lo permite y las circunstancias lo dan. Uno quisiera que fuera así, porque son días muy felices cuando uno trabaja intensamente, que termina agotadísimo, son benditos, pero no siempre se da. Por ejemplo, la poesía es supremamente esquiva, eso es un milagro. Pueden pasar años y años y no llega. La prosa sí es más manejable, más cercana, pero la poesía sí es pura magia.
La mano que te escribe es la misma
Que te encendió el deseo
Escarbó en la isla de tu cuerpo
Hasta encontrar el más codiciado
De los tesoros
(Triunfo Arciniegas)
- ¿Cómo es esa parte suya de dibujar?
Se dieron juntas. Veo mis cuadernos y siempre escribía y dibujaba. Lo que pasa es que soy mejor escritor que ilustrador, y tengo una admiración tremenda por los pintores. Estoy buscando siempre libros de pintura, y a medida que a uno se le facilita la vida compra más libros. Me gusta Picasso, es indiscutible, pero me gustan Balthus, Bacon y Lucian Freud. Y fui a Nueva York por ir a ver la pintura El mundo de Christina, de Whyet, en el Moma.
- ¿Veremos algún día una novela de Arciniegas de la actualidad colombiana?
No creo. Trabajé en un libro de crónicas, pero escribir de la realidad es para mí muy difícil. El periodista tiene que trabajar mucho. En cambio si a mí el color no me gustó, cambio el verde por el naranja y no hay problema. Lo mío es la literatura, y saquear la realidad, pero no trabajo exactamente la realidad.
- ¿Alguna vez de sus talleres con los niños le salió alguna historia?
Yo hice un cuento que se llama El bandido azul, a partir de un dibujo que me salía mucho. Un bandido con su pañuelo, pero no sabía qué hacer con ese bandido. En una época trabajaba Conjuros y sortilegios, que es para mí el mejor libro de Irene Vasco, y choqué las dos ideas y dije: claro, este bandido se volvió azul por un conjuro, y eso salió dentro de la clase, y puse una bruja. Al bandido todo le salía mal, siempre lo atrapaban. Va donde la bruja y esta le consigue un menjurje, pero tiene efectos secundarios y es el color azul. Son frases en la clase que le quedan a uno, es una hora muy intensa y se trata de que uno se vuelva disparatado, ir contra la lógica. En una clase de matemáticas la respuesta es solo una, pero en literatura unosuelta una frase y cada quien va a contar a partir de ahí. Y se trata de que no sean dos iguales, y son acertadas todas. Hay que ver lo que hizo el otro y pensarlo.
No duda ni un segundo y parece hablar en letra pegada a la hora de pedirle un recomendado de literatura infantil universal: "Para mí, el tipo fundamental es Roald Dhal y su obra maestra Las brujas, y hay una buena película. Me gusta mucho. Es un autor de peso completo en todos los sentidos. También tiene unos cuentos para adultos maravillosos. Tiene un cuento que se llama El cisne, tiene un cuento de Hitler cuando era niño, un bebé prácticamente, cuentos muy perversos, cuentos muy buenos".
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