Gustavo Gómez
Especial | LA PATRIA | Colprensa
Julio es Julito. Un gigante en diminutivo. Está en todas partes: en Madrid, manejando como hábil titiritero docenas de voces; en Bogotá, conversando con sus jefes de Prisa Radio, mientras los exviceperiodistas lo ubican como puente de la venta de su casa radial; en Miami, rajando de alguna socialité con Fernán Martínez; en las ondas radiales, defendiéndose “pacíficamente” de los colegas que le apuntan a la sien; en una tienda de la Vía Montenapoleone, en Milán, comprando una camisa morada con aire de forro funerario; o en Barcelona, con el Premio Ondas al mejor programa de la radio iberoamericana entre manos.
“Los sueños de los días de radio –dijo al recibirlo- comienzan con un micrófono, tal vez con un disco; con un poema, con una llamada o con un padre radiodifusor cómplice a quien también dedico este premio”. Julito se detuvo en Julio E., e hizo un paso rápido, cariñoso, por sus mujeres: Letty, Daniela y María (esposa y dos hijas), que aprendieron a quererlo a pesar de más de 40 años de no verlo jamás en el desayuno. Los mismos que lleva en la radio, casi siempre en Caracol, donde muchos creyeron que el flaco bilingüe desgarbado no pasaría de disc jockey, porque no se le veía por ninguna parte madera para convertirse en uno de los periodistas más influyentes del país.
- ¿Por qué nunca da entrevistas?
Siete y hasta ocho horas al aire son suficiente exposición. El año entrante, en Semana Santa, cumplo 40 años de estar frente a los micrófonos. Llevo 35 en Caracol Radio, estuve en RCN; en emisoras El Dorado; pasé por Monserrate, Fantasía, Radio Latina, Radio 15, la RAI, la BBC de Londres, la Voz de América… agregarle a eso entrevistas me parece una falta de respeto con el público, es abusar de su generosidad.
- ¿Qué parte del cerebro debe estar conectada con la garganta para hacer buena radio?
Aquella que nos permite oír antes de hablar y esa otra que nos hace callar antes de hablar.
- Cuando comenzó, la radio colombiana estaba algo blindada al exterior. ¿Cómo se animó a poner nuestra radio en el mundo?
No crea. Crecí con radiodifusores a los que les gustaba el mundo. En 1971 mi padre se identificaba con un eslogan en el que cambiaban las referencias geográficas, pero no el concepto universal: “Hoy desde Atenas, mañana desde cualquier lugar del mundo”. Enrique París identificaba Caracol Estéreo como “la antena musical del mundo”; en Emisoras Monserrate, Julio E. entrevistó a Brigitte Bardot cantando El cuchipe; Julio Nieto Bernal tenía tres carreras y leía prensa y revistas en cuatro idiomas; Otto Greiffenstein tenía la mejor voz, no de Colombia, sino del mundo; El Chupo Armando Plata Camacho era la voz del cine mundial… Tengo muchos ejemplos más para confirmarle que la radio en Colombia, desde que nació, ha sido mundial.
- Hay quienes piden a los nuevos periodistas que sepan de todo y otros exigen especialidades. ¿Cuál es el camino?
Solo pido que informen, de lo que quieran, pero con la verdad. Que contrasten sus fuentes, que no me revelen nunca cuáles son esas fuentes y que, al aire, si quieren hablar de economía, de orden público o de proceso de paz, lo hagan, pero que si les gusta Chavela Vargas, ¡que se animen a decirlo!
- ¿La radio se hizo para informar o para entretener?
No veo la incompatibilidad. A mí me acusan de ser frívolo y lo soy, y me acusan de manejar la agenda del país, lo cual no hago. Pero si así fuera, ¿cuál sería el problema?
- Ha descubierto muchos talentos en lugares donde otros colegas no los buscarían, como la radio musical. De hecho fue, y sigue siendo, un conocedor de la música… ¿qué ve en alguien donde otros solo ven disc jockeys?
Mi sueño sigue siendo ser un disc jockey, ojalá de pueblo, y ojalá tarde en la noche. Con eso le respondo.
Sobre los jóvenes
- ¿Cuál es el pecado imperdonable del novato radial?
El de siempre: no escuchar al entrevistado, por estar preparando la siguiente pregunta. Hay que entender que el secreto en la radio es quedarse callado el mayor tiempo posible, oyendo atentamente al entrevistado. Entre menos se hable, menos margen hay de equivocación.
- Ha tenido muchas manos derechas, la más importante y confiable, Alberto Casas, pero usted es su propia emisora...
Ese es un cuento suyo, creativo y generoso, pero solo soy parte de un equipo que me aguanta la presión y, como usted sabe, no es fácil. Puede que sea una emisora a donde vaya, pero sería imposible solo, sencillamente porque no entiendo la radio sin el mundo... y solo jamás lo podría acariciar.
- ¿Alberto Casas es un buen compañero de esas “caricias” radiales?
Es el mejor compañero de vida.
Twitter y las críticas
- Fuera y dentro de Twitter, ¿le tiran mucha piedra?
Trato de acertar, pero cometo muchos errores. Las pedradas, cuando se impulsan desde el terreno de las buenas intenciones, prenden alarmas que advierten de equivocaciones que debo corregir y las recibo con mucho gusto y provecho.
- ¿Y si los que tiran piedra son colegas?
Igual. Saben del oficio y advierten de buena fe lo que debemos corregir. Jamás me meto con un colega. Viviendo en los Estados Unidos me impactó mucho ver al presentador de ABC reemplazando al de NBC o al de CNN, o viceversa, por razones de salud o simple cortesía. Allí aprendí que una cosa es competir y otra, respetar el oficio de los demás. En periodismo siempre hay alguien mejor que uno.
- ¿Entonces Daniel Samper Pizano hizo una lectura equivocada del trabajo periodístico de La W y sus columnistas?
No insista: tengo mil defectos, pero soy coherente. Jamás cuestionaría a un colega y menos a uno tan importante y respetado como Daniel. Es serio, riguroso y solo a él le corresponde evaluar lo que escribe y por qué lo escribe. No me pasa por la mente nada distinto a que hace su trabajo con honestidad y jamás dudaría de su buena fe, cuestionaría su ética o pondría en tela de juicio la publicidad de su medio.
- ¿Está bien delimitada la línea ética de la pauta y el contenido en la radio colombiana?
Tenemos colegas que son empresarios y dueños de medios y jamás creería que su independencia informativa se verá vulnerada por cuenta de un anunciante. Si un columnista es socio del periódico en donde escribe, o si vendió sus acciones a un empresario, no me pasaría por la mente que sus opiniones pudieran cambiar por ese hecho; le guardo el mismo respeto.
- Hay clientes que pautan mucho y muy fuerte. ¿Le han dolido las críticas a La W por cuenta de la pauta de Pacific Rubiales?
Pacific Rubiales pauta con Caracol Radio, no con Julio Sánchez Cristo. Que un cliente anuncie insistentemente en un medio es un debate válido, pero entre los dueños y los anunciantes y, si se quiere, la academia. No se le olvide: somos empleados y, antes, periodistas. En una redacción como la de La W es muy fácil consultar a cualquier periodista si ha sentido la presión de algún cliente o alguna instrucción non sancta del director o de la empresa. Nos levantamos todos los días a las 4:00 de la mañana a trabajar honestamente. Lo demás es ficción.
- Por cuenta de estas críticas, ¿la radio se va alejando de la empresa privada?
Si lo hace, ¿quién va a pagar mi equipo en Colombia, Caracas, Panamá, Miami, Los Ángeles, Atlanta, Nueva York, Nueva Jersey, Washington, Madrid, Londres, París, El Cairo y Jerusalén? Apliquemos entonces para trabajar en NPR, donde no nos recibirían por no hablar inglés. Ni nos contratarían en la RAI por no saber italiano, o en la Deutsche Welle por no hablar alemán; menos en la BBC o en Russia Today. Son las mejores radios públicas del mundo, donde mereceríamos estar para darle la espalda a la empresa privada. Pero eso no pasará.
- ¿Qué debe leer y qué no un periodista de micrófonos?
Todos los periódicos y revistas posibles. Debe erradicar de su mente la posibilidad de no leer.
- Si fuera estudiante de periodismo o comunicación social, ¿a qué periodistas colombianos les seguiría la pista como ejemplo?
A Felipe López, Roberto Pombo, Germán Castro Caycedo, Mauricio Gómez y Enrique Santos.
- ¿Vale la pena estudiar comunicación social?
No. Vale la pena estudiar Derecho, filosofía, arte, lenguas o sociología. Jamás se aprende este oficio en una facultad de comunicación social: no pierda su tiempo, ni su dinero.
- ¿Qué se le pasa por la cabeza cuando escucha el impajaritable “no me cuelgue, Julito”?
Que después de tantos años de creerme un gran comunicador, ¡es el colmo que no haya podido explicarle a la gente que yo no manejo los teléfonos!
Otros ganadores del Ondas
Álvaro Castaño Castillo, Julio Nieto Bernal y Herbin Hoyos.
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