Fanny Bernal Orozco


Un día, el diablo dijo:
-¿Qué es esto? ¡Qué injusto! Haga lo que haga, siempre que ocurre algo malo, la gente, me echa la culpa a mí ¿Qué culpa tengo yo? ¡Soy inocente! Mira, te mostraré cómo me culpan por todo. Había un fuerte carnero sujeto a una cuerda que, a su vez, estaba atada a una estaca. Yo, entonces, aflojo la estaca y digo: “Esto es todo lo que voy a hacer”. El carnero dio un tirón y la arrancó del suelo. La puerta de la casa de su propietario estaba abierta y, en la entrada, un hermoso espejo, enorme y antiguo. El carnero vio su reflejo en el espejo, agachó la cabeza y atacó. La luna quedó destrozada. La dueña de la casa corrió escaleras abajo y vio su hermoso espejo, que había estado en la familia durante años, completamente destrozado. Enfurecida, les gritó a los sirvientes:
-¡Cortadle la cabeza a ese carnero! ¡Matadlo!
Los sirvientes mataron al animal. Pero aquel carnero era una bestia especialmente querida por su marido, que le había dado de comer de su mano cuando era pequeño. Al llegar a casa y hallar a su hermoso carnero muerto, enfurecido exclamó: -¿Quién ha podido hacer algo tan terrible? -Su mujer gritó:
-Yo maté a tu carnero. Lo hice porque había destrozado ese espejo tan hermoso que me legaron mis padres.
El marido airado, replicó: -En ese caso, ¡me divorcio de ti!
Los chismosos del vecindario les dijeron a los hermanos de la mujer que su marido iba a divorciarse de ella por causa del carnero que había matado. Los hermanos se pusieron furiosos. Reunieron a sus parientes y salieron por el marido, armados con fusiles y espadas. El marido oyó que venían y llamó a sus propios parientes para que le ayudaran. Las dos familias comenzaron una disputa en la que se quemaron muchas casas y murieron muchas personas.
-Entonces yo dije: -¿Ves? ¿Qué he hecho yo? …
Tan solo moví la estaca. ¿Por qué voy a ser responsable de todas las cosas terribles que se hicieron los unos a los otros. -Yo tan solo aflojé un poquito la estaca.
Cuento Sufí, tomado del libro ‘Mas cuentos con Alma’, de Rosario Gómez.
¡Cómo se enardece la gente con los chismes! No les basta con que éste sea su alimento, ¡no!, ellos, salen, envenenan, contaminan, a los demás, sin ninguna consideración, ni respeto por sus sentimientos y relaciones.
Historias como éstas son frecuentes, quizás no exista el carnero, existen si, otros motivos, que las personas en su analfabetismo emocional fomentan. Llenarse de rabia, o perder la paz, porque se rompe un objeto, sin darse unos minutos para pensar y reflexionar, sobre la consecuencia de los actos. Y así, una emoción perturbadora le abre la puerta a otras y aparece la venganza, que está hecha, de confusión, orgullo, rabia, es un estado mental con muchos velos que conduce a realizar actos de maldad, a sembrar caos y a crear sufrimiento.
Los actos vengativos, son una manera de ostentar el poder que algunos creen tener sobre los demás, son seres con egos desbordados, generalmente enfermos, que se creen superiores, su maldad no tiene límites, siempre están sedientos; usan para sus fines lo que sea: palabras, amenazas, gestos, acciones, armas, cualquier medio es válido, con un agravante: jamás están satisfechos.
Y así, minuto a minuto, en nuestro país, la violencia danza su baile, en parejas, en familias, en colegios, dirigentes, medios de comunicación, empresas, barrios con ‘fronteras invisibles’, a través de códigos y lenguajes, perversos y cada vez menos humanos.
Finalmente, a pesar de que hay objetos que contienen historias memorables, éstos jamás pueden ser más importantes que los seres humanos, sus historias y los vínculos que con ellos se hayan tejido. Hay muchas formas de perder la libertad y una de ellas es, encender el corazón a partir del chisme, la rabia y los actos de venganza.
Bastó un simple movimiento, para que los seres que vivían allí, le dieran rienda suelta a sus más oscuras emociones. -¿De quién es la responsabilidad? -¿Qué habría hecho usted?
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
Profesora Titular Universidad de Manizales.
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