Fanny Bernal Orozco


Caminaba un filósofo, cuando vio a dos mujeres altísimas. El filósofo, tan sabio como miedoso, corrió a esconderse, con la intención de escuchar su conversación. Las enormes mujeres se sentaron cerca, pero antes de que empezaran a hablar, apareció el más joven de los hijos del rey, sangraba por una oreja y gritaba a las mujeres: -¡Justicia¡ ¡Quiero justicia! ¡Ese villano me ha cortado la oreja! Y señaló a su hermano menor, que llegó empuñando una espada ensangrentada.
-Para eso somos las diosas de la justicia. Sólo tienes que elegir quién de nosotras prefieres que te ayude.-¿Y qué diferencia hay? -Yo, -dijo una de ellas, la que tenía un aspecto más delicado -preguntaré a tu hermano cuál fue la causa de su acción. Luego le obligaré a guardar con su vida tu otra oreja, a fabricarte el más bello de los cascos para cubrir tu cicatriz y a ser tus oídos cuando los necesites.
-Yo, por mi parte -dijo la otra- no dejaré que salga indemne de su acción. Lo castigaré con cien latigazos y un año de encierro, y deberá compensar tu dolor con mil monedas de oro. Y a ti te daré la espada para que elijas si puede conservar la oreja, o si por el contrario deseas que ambas orejas se unan en el suelo. Y bien, ¿Cuál es tu decisión? ¿Quién quieres que aplique justicia por tu ofensa?
El príncipe miró a ambas diosas. Luego se llevó la mano a la herida, y al tocarse apareció en su cara un gesto de indudable dolor, que terminó con una mirada de rabia y cariño hacia su hermano. Y con voz firme respondió, dirigiéndose a la segunda de las diosas. -Prefiero que seas tú quien me ayude. Lo quiero, pero sería injusto que él no recibiera su castigo. El filósofo pudo ver cómo el culpable cumplía su pena, y entre tanto, el mayor se contentaba con una pequeña herida en la oreja de su hermano, sin llegar a dañarla. Luego regresaron al castillo. Estaba el filósofo escondido cuando la segunda de las diosas cambió sus vestidos. No se trataba de ninguna diosa, sino del poderoso Ares, el dios de la guerra.
www.cuentosparadormir , por: Pedro Pablo Sacristán.
“Ajustar cuentas” es una actividad en la que muchas personas gastan parte de su tiempo; la venganza es un tema obligado en sus conversaciones, día a día muelen y muelen de manera obsesiva ideas encaminadas a hacerle daño a otros, sin mediar las consecuencias, ni darse un tiempo para discernir el costo emocional que cualquier acto de éstos puede acarrear, no solo hacia los demás, sino a sí mismo.
Hace unos años, un académico de este país, dijo que muchas de las muertes ocurridas por situaciones de violencia, se originaban por venganzas personales, ha pasado el tiempo y tan grave afirmación no ha tenido hasta el momento respuestas pedagógicas o terapéuticas; algo tan importante quizás se alojó en el olvido.
Rabias, celos, envidias, resentimientos, un sinnúmero de emociones perturbadoras se expresan, sin ningún límite, ni control, basta con caerle mal a alguien para que se le considere un enemigo, y si se puede desde ese momento, se le comienza a hacer la guerra, es decir, a hacerle la vida imposible, y como el resentimiento nubla la razón, también oscurece las respuestas emocionales.
En los actos de venganza, hoy ya no se utilizan las espadas, hoy hay armas diferentes, algunas hieren físicamente y otras dejan huellas y cicatrices emocionales y físicas difíciles de borrar y de sanar: Matoneo, ácido en los rostros, burlas en las redes sociales, abusos de poder, todas ellas, claras demostraciones de la ausencia de inteligencia emocional. Así entonces, justicia, venganza e insensatez, se mezclan en algunas oportunidades de forma peligrosa y en el camino arrastran a otros que se dejan contagiar y envenenar, creando caos y desconcierto.
En momentos como los que cuenta la presente historia, hay que tomarse un tiempo para pensar y reflexionar, no sea que situaciones poco importantes o malentendidos se resuelvan a partir de la rabia, y se pierda la oportunidad para aprender a canalizar las emociones perturbadoras, aprendiendo a manejar de manera asertiva los conflictos personales.
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
Profesora Titular Universidad de Manizales.
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