Efrain Castaño


El mar fabricaba caballos acuosos que cabalgaban por las olas altas y sonoras; los árboles se unían a la melodía universal con el batir de sus hojas mecidas por los vientos; sonidos agudos y graves se escuchaban en los aires producidos por aves de irradiante belleza; como tambores sonaban los pasos duros de caballos y toros corriendo celebrando libertad y fortaleza.
Dentro de todo el entramado de hermosura natural surgió de repente el humo que salía de una primitiva casa donde se escuchaba el golpe del hacha que arrancaba al tronco gritos de presencia; el joven de la casa asomó por el camino recién abierto silbando una canción y sentado en la carreta de grandes ruedas giratorias que arrastraba un equino trotón.
Al entrar en su casa encontré sillas, camas, mesas, esbeltas columnas, adornos y floreros: allí ya estaba firmando en líneas de creación la obra del trabajo humano, inventor y pujante, capaz de dar mil formas a un elemental madero, mil sabores a una fruta cogida en la huerta; la casita parecía tener una boca gigante y unos ojos atentos que de cerca ya eran la puerta y las ventanas.
En los albores de la humanidad ya el trabajo del hombre había empezado a cumplir su misión de transformar el mundo, enriquecer las formas, dar a la belleza mil caras y colores, facilitar la vida, la jornada y el deber de ganar cada día el pan con el sudor de la frente.
Desde el comienzo escuchó el ser humano la invitación que en la parábola bella hizo sonar el Maestro Jesús: "vaya hoy a trabajar en mi viña" (Mt. 21,28) como posibilidad de continuar la belleza, ampliar la utilidad, lucir creatividad, plasmar futuro con manos de presente; el trabajo es arte, expresión de la mente, solución que acorta distancias, eleva habitaciones, multiplica oficinas y casas.
Es falso pensar que trabajar es esclavitud cuando es misión, es cansancio cuando es plenificación, es competitividad cuando es creatividad; nos hace falta salir cada día a trabajar con el gozo de un corazón agradecido, abierto a miles de maneras de expresar el amor.
Es urgente crear fuentes de trabajo, estímulos de acción, gozo del acto laboral, maneras de servir al hermano y vecino. Trabajar es eco bíblico al actuar del Señor que el séptimo día descansó como expresión de un cansancio que urge de pausa, gozo, plegaria y calma.
¿Por qué si trabajar es tan noble, sin embargo hoy hay que salir a protestas, reclamos, aclaraciones?; la respuesta presenta evidencias que duelen porque es cierto que no hay pagas justas en muchas ocasiones, no hay condiciones seguras en muchas entidades, no hay leyes que faciliten el futuro seguro para quien ha cambiado la cara del mundo con los bellos edificios, las profesiones de progreso, la labor que embellece la vida de todos.
Hoy es un día para reconocer el valor del trabajo, la urgencia de pagar lo justo y preciso, de ayudar con facilidades de un mejor vivir a quienes cada día embellecen la tierra.
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