Pedro Felipe Hoyos Körbel


Publicó en días pasados Carlos Arboleda un libro sobre el líder conservador Ómar Yepes Alzate, yo supe de la aparición de ese libro, pero no lo había visto hasta que en una oficina del Palacio Amarillo me lo prestaron. Los que me vieron con el texto se burlaron de mí, pero una gran curiosidad de ver cómo había asumido Arboleda técnicamente un tema tan atractivo como lo es la vida de un destacado político contemporáneo, captarla a través del género ensayo biográfico, me movió a leer ese trabajo. Fue el libro más impresionante que haya podido leer, y a raíz de ello quiero expresar mi escándalo acerca de tan tremendo desacierto, que espero no haga escuela, porque sé que hay más autorcillos interesados en figurar, que biógrafos honestos y serios comprometidos con una disciplina como lo es la historia.
Todos los que hemos redactado biografías elaboramos, para acometer esos nublados y peligrosos picos, un concepto. Es a partir de ese concepto que se elabora la investigación. Dependiendo del acierto de este concepto va la calidad del retrato propuesto. Una biografía sin concepto es inimaginable, mejor dicho no existe. Y, en lo que Arboleda publicó, al parecer, hay una confusión entre lo que es una hoja de vida y una biografía, digo esto debido a la fatal ausencia de concepto.
En la invención están dados los principios para hallar los hechos, y en la historia están dados los hechos para hallar los principios y el historiador que no sea capaz de explicar los fenómenos de la misma forma como los relata, hace su trabajo a medias. Estas pseudobiografías no le hacen justicia a la época y menos al personaje, desdibujando su objetivo y convirtiéndose en una burla para el lector. Leyendo este texto no se llega a ninguna conclusión. ¿Quién es Ómar Yepes, es bueno o es malo y por qué? esto no termina por documentarlo Arboleda en sus 188 páginas. No logra ubicarlo en el tiempo y determinar cómo este influyó en él para poder pasar a la segunda fase y mostrar cómo Yepes marcó su época, que ciertamente lo hizo. Relacionar el personaje con su época es una labor difícil que no se logra con enumerar las fechas de nacimiento y de obtención de títulos académicos. ¿Cuáles fueron los logros de Ómar Yepes a lo largo de décadas de liderar la vida política del departamento? Esto no se ve en el arranque de Arboleda, a pesar que el autor aduzca unas estadísticas que demuestran una votación continuamente en aumento, pero el cómo la obtuvo, cuál fue el planteamiento político, ni siquiera entre líneas se puede entrever en esas páginas. Finalmente, leyendo a Arboleda, Yepes no dejó huella.
Sí se nota en Arboleda una especial admiración por la trayectoria de su biografiado, un hombre de extracción campesina como la de él mismo, que de ser hijo de un mayordomo pasó a ser Secretario de Cultura del Departamento de Caldas. Y esta debe ser parte de la fórmula del éxito político de Yepes. El es un hombre pragmático y afable, confiable y accesible para su electorado provincial y rural con el cual ese decisivo grupo de gente se puede identificar fácilmente. La Violencia vació el campo e hizo surgir ciudades y esa transformación no la asimilaron políticos como Fernando Londoño, gran intelectual, que no logró continuar entusiasmando a sus votantes. La democracia decimonónica colombiana se estaba convirtiendo en esos días en un fenómeno popular. Saber de poesía y de las cosas del arte ya no era parte indispensable de la imagen del político. El nuevo votante, que buscaba arraigo en el pueblo o en la ciudad, instintivamente examinaba otros ideales y valores más afines a su cultura y educación.
Hilar cronológicamente unas anécdotas no constituye una biografía como género histórico, en eso erran Chalarca, Jaramillo y ahora Arboleda. Poco puede aprender un lector desprevenido de la lectura de estos diletantismos, ya que convierten en seres incoloros a los protagonistas de nuestro presente y la época parece un acartonado telón de fondo carente de vida. En estos textos quedan invertidos los parámetros del género ya que se introducen por descuido elementos de obras de ficción, a pesar de que todo lo que dicen sea verdad. Todo este cúmulo, a la postre, no son capaces de tejerlo de tal forma que se convierta en una biografía. ¿A ese nuevo género, originario de una degeneración, se le podría llamar "monografías humanas"?
No sé qué utilidad pueda salir de la obra de Arboleda, pienso que atraerá una atención negativa, y por supuesto resultará el investigador que se pondrá a realizar un trabajo a fondo asignándole su real papel en la historia a la vida y obra de Ómar Yepes. Pienso que Arboleda no le sacó faena alguna a este hermoso toro, tal vez lo vio de pitones muy pronunciados y prefirió hacer una serie de amagues, dándole más importancia a evitar que lo lastimara, que a coger a ese animal político por los cachos.
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