Luis Prieto


Ninguna otra expresión es más gráfica. En una reunión comunal cualquiera, el Presidente anunció la salida de Germán Cardona del Ministerio de Transporte. Al comunicar su decisión, la adobó con un encargo cariñoso y etéreo, como es el de traer al Sumo Pontífice a Colombia, pues como premio de consolación lo nombraba embajador ante la Santa Sede.
Traerlo, fue la expresión presidencial, pero en realidad era proceder, en nombre presidencial, a una invitación enfatizada al Santo Padre, para que en el viaje planeado por estas tierras visitara a Colombia, concretamente a Medellín, región nueva mejor amiga, con razón, del gobierno.
Ese mismo encargo se propone llevar a cabo la Iglesia colombiana, que acaba de constituir una misión integrada por unos cuarenta y cinco obispos y arzobispos, esta sí, con toda la pompa y promoción, ordenada en una de sus magnas reuniones.
Para Caldas y Manizales, Germán Cardona es una persona digna e importante. Un gran profesional de la ingeniería y al mismo tiempo dirigente empresarial como pocos en el país. Aquí en su tierra, se entiende que por todas esas virtudes fue nombrado Ministro de Transporte. Pero la forma como sale de esta determinante posición nacional, parece más bien que hubiera llegado allí como agradecimiento por la lealtad y dedicación en las fundaciones previas del Presidente, para llegar a la jefatura del Gobierno. Algo como de monaguillo que no es precisamente lo que Germán Cardona significa.
Para Caldas y Manizales el Ministerio de Transporte en cabeza de Germán Cardona, ha sido, en años, lo más importante que esta región ha tenido. El hecho de que quien esto escribe haya tenido algunas ocasionales diferencias de criterio, no obsta para hacer este reconocimiento con toda honestidad y fervor.
La combinación de Germán Cardona y el ministerio, había despertado grandes ilusiones en sus coterráneos. Esas ilusiones se estaban cumpliendo a satisfacción y por eso aquí nadie entiende su retiro. Es muy dudoso un acto imperial del Presidente. Uno podría decir que el Presidente sería el más satisfecho con la combinación aludida. Lo probable es que Germán Cardona se dejó derrotar por unos parlamentarios, insatisfechos porque el ministro no les proporcionaba los puestos burocráticos que el ministerio no necesitaba. Le inventaron un desacato y lo amenazaron con una moción de censura. Como no dio la batalla, la presión se trasladó a la silla presidencial que asediada, agotó su paciencia y sucedió lo que sucedió.
No se sabe qué tanto las autoridades departamentales, municipales y la clase política caldense, respaldaron y se solidarizaron con el Ministro y si ejercieron alguna presión sobre el Presidente, con el fin de impedir esta baja tan desafortunada. Es lo que Germán Cardona hubiera merecido y esperado.
Porque el daño es grande. Manizales desamparada por la naturaleza, con una economía tantas veces frustrada, necesita que en su entorno se desarrollen muchas obras públicas que la saquen de su aislamiento y le permitan algún día, y con otras generaciones, un impulso público y privado de envergadura y autonomía.
Un Ministerio de Transporte era lo indicado, como un partidor hacia mejores días. Un infortunio inesperado truncó estas esperanzas. Las principales obras quedaron empezadas. Por fortuna en manos jóvenes, en las cuales debemos confiar esperando que tengan conciencia de su gran responsabilidad. No es fácil la tarea.
Germán Cardona era una buena opción. Mejor dicho era la máxima opción. Manizales tiene que recordarlo y agradecerle por todo lo que avanzó en tan corto tiempo. Su amistad con el Presidente puede seguir ayudando, lástima que lo hubieran enviado a tierras tan lejanas. La distancia y el olvido van de la mano.
Esta columna le quiere hacer llegar las mejores expresiones de cordialidad y admiración.
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