Efrain Castaño


La cuerda de la guitarra necesita su punto exacto de temple para dar el sonido adecuado y preciso; el ser humano necesita igualmente temple de carácter para hacer muchas cosas con equilibrio y como debe ser.
El 12 de junio de 1985 el mundo palpó lo que puede pasar cuando no hay el suficiente temple en la existencia, cuando no hay freno ni medida; un momento de gritar basta porque seguir puede ser fatal.
Aquel día murió una bella joven norteamericana, suceso que sirvió para encender luces de alerta en la educación orientadora de la vida. Karen Quinlan pasó a la historia como una chica que vivió lo que a muchos que no se percatan del momento de decir basta puede pasarles.
Estaba en una fiesta, igual a la que se vivió en el mentado caso Colmenares en Colombia; música, bailes, risas, amena charla iban tejiendo el transcurrir de las horas; todo normal, un rato para compartir entre amigos y barras juveniles; luces, sonido, simpatía mutua: todo normal.
De repente en medio de la algarabía propia juvenil, Karen se fue de bruces al piso causando gran conmoción; gritos, llamados por su nombre, sacudidas a su cuerpo para que volviera en sí, pero nada valió; fue llevada de urgencia al hospital cercano.
Pasaron los días y Karen no regresaba al presente, seguía en un profundo sueño del cual jamás regresó; aquel 12 de junio Karen murió después de diez años de estar en cama en fuerte embolia cerebral, la llamada muerte vegetal; el diagnóstico médico mostró que en la euforia de la fiesta Karen había ingerido sobredosis de barbitúricos, no paró a tiempo el consumo de la droga fatal que da euforia pero da directo al cerebro.
La historia se repite en múltiples casos no tan extensos en tiempo pero sí callados en la vida social; es una verdad que se hace evidente: gran parte de nuestra bella juventud se está perdiendo por una causa: exceso, en querer, tener, consumir, desear; se ha perdido el temple, de tener la sabiduría necesaria para dirigir con medida los pasos y actos de la existencia.
Casos como el de Colmenares suceden casi cada semana aunque no haya droga: muertos, heridos, golpeados ferozmente en amaneceres alicorados o tal vez con tinte de drogas alucinógenas que tapan todo acceso al recto pensar y actuar, al temple necesario en el momento preciso; golpizas, uso de armas, velocidad sin cuidado; ya suman miles las vidas que sin el largo tiempo de Karen se van de este mundo sin haber acabado de vivir el tiempo juvenil.
La reunión festiva, el encuentro amistoso, el rato para compartir como amigos son celebraciones que ayudan al acercamiento vital, pero se está olvidando que en todo hay una actitud que en idioma cristiano se llama la Templanza, la que da temple, equilibrio, medida precisa y por ello la tragedia asoma cada fin de semana a uno u otro hogar.
Creo que San Pablo resume bien: "todo lo puedo hacer... pero no todo me conviene". Un beso en la frente de Karen.
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