Efrain Castaño


Difícil de admitir y comprender: que al siguiente día de conmemorar la festividad de la Natividad de Jesús, gozo y jolgorio bueno para todos los hombres en especial para "los de buena voluntad", aparezca la memoria del primer mártir que derramó su sangre a imitación de Jesús y perdonó a sus perseguidores que le apedrearon como era costumbre en aquella época.
Hoy es memoria de San Esteban el protomártir eclesial; su fidelidad impactó tanto a los primeros cristianos que en el libro de los Hechos de los Apóstoles que describe la génesis de la primera comunidad seguidora de Jesús de Nazaret (Hechos 6 y 7) quedó descrita la gesta valiente y fiel de su vida y final.
Mirando con detención nos damos cuenta como quien encuentra una sorpresa tras de la puerta de su casa, que no es causal ni caprichosa la figuración de esta memoria en la época de Navidad que nos arropa con el manto de la felicidad cubriéndonos como un nuevo vestido de fiesta; a quienes a veces nos escondemos como Adán cuando le llamaba Dios y le buscaba por todo el jardín y éste se ocultaba porque estaba desnudo, la fiesta navideña nos cubre con vestido de fiesta y el manto del gozo y gracia que envolvió primero a la Virgen María, la Madre de Jesús.
Ser alegre no es estar siempre con la risa al aire como un papá Noel trayendo regalos, no es tampoco estar al margen de dificultades, dolores, enfermedades, persecuciones, pérdidas, desplomes, oscuridades , contrariedades y soledades.
Ser alegre es tener la certeza de que alguien en el mundo nos ama de verdad, que entre millones de seres a quienes nada les interesa de nuestra vida, existe una persona que nos mira con simpatía, cariño, aprecio, estímulo, sinceridad.
Ser alegre es marchar por el mundo como el niño aquel que va montado en los hombros de su padre y así pase por "cañadas oscuras" (salmo 22) o "hierbas frescas" y panoramas hermosos, haga sol o caiga torrencial lluvia, nadie le mire o hable, sin embargo va feliz cargado en los hombros de quien bien sabe que le ama, le defiende, le acompaña.
Estar alegre y feliz no es estar por encima del dolor, sufrimiento, enfermedad, sino que aún en las entrañas del mismo sufrimiento pueda estar seguro de un amor eterno y fiel; San Esteban cuando estaba en el suelo con cantidad de piedras encima y otras por llegar con furor, tuvo la valentía y certeza de afirmar en alta voz y sin miedo: "veo el Cielo abierto y al Hijo del Hombre (Jesús) con Gloria y Poder".
Ojalá entendamos hoy el por qué hay sangre junto a la cuna; porque la fiesta no oculta la realidad, porque lo divino no suprime lo humano que conlleva aprendizaje y altibajos, porque lo que importa a fin de cuentas es saberse amado por Dios y por quien Él ha colocado a nuestro lado.
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