Efrain Castaño


Antoine de Saint-Exupery, aviador y escritor con alma de poeta dejó al mundo tras de su desaparición en el vuelo del 31 de julio de 1940 un pequeño libro gigante en contenido: "el principito" que cuenta el recorrido de un pequeñín por diversos planetas que son situaciones de la vida humana.
Llega al terminal de trenes y resume al ver tanto afán, ir y venir: "nadie está contento donde está"; al contemplar y empezar la travesía del inmenso y seco desierto afirma "lo que embellece al desierto es que esconde un pozo en cualquier parte".
Cansado y sudoroso calma su sed sorbiendo agua limpia y fresca y anota que es "tan buena para el corazón como un regalo"; es un arrebato de recuerdos anota: "cuando yo era pequeño, la luz del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la dulzura de las sonrisas formaban todo el resplandor del regalo de Navidad que recibía".
Las últimas líneas de su corto y sabio escrito anota con claridad en medio de la comparación: "no se apresuren, esperen un momento, exactamente debajo de la estrella. Si entonces un niño llega hacia ustedes, si ríe, si no responde cuando se le interroga, adivinarán quién es; sean amables entonces; escríbanme y díganme que el principito ha regresado".
Quiero decirle hoy a Antoine que ha regresado para iluminar el tiempo la Navidad que trae en sus entrañas el Niño de Belén que él dibujó con palabras de belleza literaria en el personaje limpio, pobre y sencillo: el principito que en cada gesto y palabra entrega una enseñanza de vida, una chispa de luz, un aliento para el camino.
Regresa la Navidad grávida de Dios, con el Señor en las entrañas, para entregarlo al mundo que guiado por una estrella de amor espera el nuevo llamado a ser mejor, a abrazar al hermano en especial al más necesitado y abandonado, a celebrar fiesta de fe en comunidad y familia, a dejarse iluminar los ojos con candiles que arrancan gozo y esperanza.
Antoine: también para nosotros hoy nos llena de entusiasmo que renueva nuestra vida el vernos frente al pesebre, el adorno multicolor signo de fiesta, la luz que titila de esperanza y la Misa de Navidad que nos entrega la presencia de Aquel que ilumina y salva.
Es verdad que hemos deslucido mucho esta bella fiesta con la adopción de actitudes poco aptas para este bello tiempo: el desmesurado uso del licor que desemboca en riñas y actitudes grotescas que a veces llenan de dolor estos días, la práctica de intercambiar costoso regalos como expresión de gozo olvidando que si en verdad fue creciendo con el tiempo esta dadivosa costumbre no es su sentido competir en costos sino compartir con los más olvidados y necesitados de la tierra.
Es cierto que regresa Navidad, festividad que conmemora el compartir de Dios con nosotros en la vida de Jesús de Nazareth, tiempo de amor, de claridad fulgurante para la humanidad.
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