Fanny Bernal Orozco


El joven que quiere ser pintor acude dónde un gran maestro. Éste le pide que pinte y que le traiga un cuadro. Cuando lo termina, el joven se lo muestra al viejo, quien le dice:
-¿Cómo lo sientes? -¿Has logrado tu obra?
-Espero que usted me lo diga –responde, inseguro, el muchacho.
-¡Aún no has llegado!
El joven triste, vuelve a su cuarto y comienza otro cuadro. Cuando lo termina, regresa donde el viejo.
-¿Cómo lo sientes? ¿Has logrado tu obra?
Espero que usted me lo diga. ¡Aún no has llegado!
Y así, durante algunos años, la misma escena se repite. Un día por fin, siente que ha realizado una pintura que tiene valor. Contento, la lleva a su Maestro. Éste la examina atentamente y luego, como siempre le pregunta:
-¿Cómo lo sientes? ¿Has logrado tu obra?
-Esta vez creo que sí la he logrado, pero espero que usted me lo diga.
-Tengo que pensarlo, estudiar tu cuadro. Vuelve mañana.
El joven eufórico, va a un café dónde se reúnen los otros alumnos y comenta con cada uno de ellos los valores de su obra. Un muchacho le dice:
-No sé por qué estás tan satisfecho de ti mismo. Acabo de hablar con el viejo y él no ha cesado de demoler tu cuadro, dice que no tiene el menor valor.
El pintor, furioso, corre a la casa del Maestro y, al verlo, le grita:
-¿Cómo puede hablar así de mi cuadro?
-Es injusto: estoy seguro de que usted sabe cuán logrado está. ¡Es una obra de arte! ¡No le admito que lo ande demoliendo! ¡No admito que hable mal de un cuadro que amo!
El viejo sonríe y le responde: -¡Por fin has llegado!
Tomado del libro: ‘La sabiduría de los cuentos’ de Alejandro Jodorowsky.
El artista requiere de un alto nivel de tolerancia a la frustración, para poder fluir entre la euforia y el desencanto, cuando ve que sus esfuerzos no logran los frutos que él quisiera. Esto significa tener la paciencia suficiente para iniciar cuantas veces sea necesario una obra y además, invertir un tiempo precioso en dejarla en un punto en el cual, se sienta orgulloso del resultado.
Lógicamente no se llega a este estado, sin hacer uso de unos recursos personales cimentados en valores y emociones; en tener la capacidad para esperar, analizar, observar, decantar, proyectar, transformar y volver a comenzar.
La baja tolerancia a la frustración, produce desazón, ansiedad, rabia, dolor, inseguridad, entre otras, emociones que afloran por la manera como se reacciona ante ciertos hechos de la vida diaria. Así entonces, la actitud que se tiene para enfrentar algunos sucesos de la vida cotidiana, puede hacer de alguna experiencia, un momento desastroso, amenazante, amargo, sin importancia o sublime y maravilloso.
Cuando se tiene una baja tolerancia a la frustración, se vive con un pobre principio de la realidad y unas percepciones erróneas de lo que está sucediendo. Tal vez sean seres humanos que esperan mucho del entorno y hacen poco por ellos mismos y por aportar a los demás, o quizás consideran que tienen todos los merecimientos y que la vida es injusta cuando algo difícil les sucede.
Tener un buen nivel de tolerancia a la frustración, significa haber construido las capacidades y habilidades necesarias para afrontar la adversidad, sin dejarse derrumbar por ella, y menos aún, asumir que las dificultades son todas malas o inadecuadas y que cualquier revés es un infortunio.
El Maestro de esta historia, no cayó en la tentación de la condescendencia, ni de la adulación, él sabía que estaba forjando un artista, no solo en lo estético y creativo, sino en el carácter y la confianza. Y a fe que lo logró…
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
Profesora Titular Universidad de Manizales.
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