Efrain Castaño


Corría el año de 1893 y Europa crecía entre períodos de paz y guerras; el campo era predominante pues brindaba en bandeja verde toda la comida necesaria para la humanidad del viejo mundo; crecían en número y edificaciones las ciudades que competían en grandeza e inicio de industrias que ya surgían como panacea de avance humano.
En 1885 Benz había mostrado el primer automóvil que llenó de asombro el mundo de la comunicación terrestre; ya en 1893 grandes ciudades como París tenían algunos vehículos que circulaban por sus calles haciendo competencia a los carruajes tirados por briosos corceles de arrastre.
El flujo por las calles ya se hacía cuidadoso; peatones, jinetes en sus caballos, carruajes de belleza artística arrastrados por elegantes caballos y el flujo de autos con motor al alcance de los más ricos.
El 8 de agosto de 1893 el gobierno parisino dio un paso discutido pero que pronto se vio útil y se extendió a todo el mundo; ese día se usaron las primeras placas de identificación para los vehículos que circulaban por las calles de la ciudad luz.
Se organizó así el tránsito por la ciudad que después se extendería a la movilización entre poblaciones; a la vez que placa era matrícula del carro para registro público y control de flujo y cantidad.
Medida que se instituyó para bien y orden de las ciudades; cuánta utilidad ha tenido aquella invención podemos verla hoy cuando entre millones de autos en miles de sitios el flujo y control se hace posible en un tránsito que libere del caos de la vida diaria.
Hoy está cumpliendo 120 años el uso de la placa del carro: invento útil, positivo y que permite la mejor organización del transitar tanto de los seres humanos como de los vehículos en las grandes urbes y en nuestras carreteras.
No llevar placa o señal equivalente a levantar sospecha de engaño, fraude o desvío de un uso correcto; gracias a la placa es posible conocer de dónde es el auto, el sitio de su matrícula y ayuda enormemente a la organización del tránsito y transporte.
Medidas como el pico y placa y el control al manejo bajo los efectos del licor se están haciendo necesarios hoy cuando el número de vehículos aumenta sin cesar; se requiere la ética ciudadana que haga posible el manejo correcto de todo vehículo y evitar los daños a la vida social.
Manejar un auto se ha convertido hoy más que nunca debido al número de vehículos, al flujo mayor y más rápido así como al aumento de destinos a conseguirse, eN un acto de inmensa responsabilidad, de sentido social y comunitario.
Sea este recuerdo una invitación a manejar con respeto, empeño, cuidado, serenidad, responsabilidad y ética. Quien bien maneja hace un bien inmenso a nuestros grupos humanos; tiene caridad al volante.
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