Fanny Bernal Orozco


En una aldea vivía un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su choza pensando en su marido.
Todo el que pasaba se quedaba prendado de la belleza de su cabello negro, largo como hebras brillantes salidas de su rueca. Él iba cada día al mercado con algunas frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes su pipa vacía. No llegaba el dinero para comprar un pellizco de tabaco.
Se acercaba el día del aniversario de su boda y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalarle a su marido. Y, además, ¿con qué dinero? Una idea cruzó su mente.
Sintió un escalofrío al pensarlo, pero, al decidirse, todo su cuerpo se estremeció de gozo: vendería su pelo para comprarle tabaco.
Ya imaginaba a su hombre en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa: aromas de incienso y jazmín darían al dueño del puestecillo la solemnidad y prestigio de un verdadero comerciante.
Así que vendió su pelo y sólo obtuvo por él unas cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco, para regalar a su marido, en tan importante ocasión. El perfume de las hojas arrugadas compensaba largamente el sacrificio.
Al llegar la tarde, regresó el marido. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos peines para su mujer; que acababa de comprar tras vender su vieja pipa... Al darse cuenta, abrazados, rieron hasta el amanecer.
Tomado de: www.laureanobenitez.com
En esta época de Navidad, en la cual se invierte tanto tiempo y dinero en la compra de regalos, qué bueno sería sacar un ratico para pensar en qué tipo de regalos son los que usualmente se dan o se reciben.
Obsequios hay de diversas clases: Aquellos que carecen de sentido y se dan por cumplir, no tienen ningún significado emocional. Cualquier objeto se compra, para hacer un cumplido de tipo social.
Están también esos obsequiados entre grupos de personas, dónde algunos se ponen de mal genio y pelean cuando les solicitan la cuota, les gusta quedar bien, pero que sean otros los que se responsabilicen del dinero y las gestiones.
Asimismo hay otras personas que se sienten muy caritativas y al final del año regalan cosas que ya no usan, dizque con el ánimo de compartir, objetos que sin revisar entregan, no les importa que estén dañados, cosas inservibles que dan sin ninguna consideración, ni respeto por los demás.
Por otra parte, existen en algunos medios, otros seres que consideran que el afecto es proporcional al dinero que se invierta en el regalo, lo que les representa en algunas ocasiones esfuerzos económicos inmensos o considerables deudas, con tal de expresar el amor. ¡Costosa manera de demostrarlo!
Hay quiénes pagan favores con dádivas, son deudas caras, por el significado que contienen, parece que en algunas ocasiones son difíciles de saldar, hay gente que considera que esas deudas son para toda la vida. Y que tal las competencias que surgen en algunas fiestas de Navidad, a la hora de destapar los presentes; parece que el regalo es lo de menos, lo importante, es la marca y saber en dónde se compró y de pronto hasta se averiguan el precio.
Hay otros regalos, a través de los cuales, se sienten muchas alegrías, una comprando y otra mirando la cara de quién destapa; lo importante es dar con gusto, compartir como fruto del afecto, o del respeto, de la consideración y también de la gratitud, con la idea de procurar lo mejor.
Le invito, finalmente a pensar que hay otro tipo de regalos que no tienen ningún costo y sin embargo, multiplican la satisfacción emocional. Por ejemplo, cambios de actitud emocional para fortalecer las relaciones.
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
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