Jaime Alzate


El lío que se armó la semana pasada entre el gobierno de Colombia y nuestros vecinos por el hecho de que el presidente Santos hubiera recibido a Capriles, el candidato venezolano a la presidencia de ese país, y a quien la mayoría de los países democráticos lo consideran vencedor de esos comicios, no tenía que generar una reacción tan desmesurada, ni mucho menos amenazadora y grosera, como la que tuvo Maduro por órdenes recibidas de su cirirí Diosdado Cabello.
Pero no pasaron 7 días cuando, al menos superficialmente la tormenta se había calmado un poco, sin que nadie lo esperara, se vino Santos informando que Colombia iba a ingresar a la Alianza del Atlántico Norte -OTAN-. Esta sigla muy poco conocida por nuestro pueblo nos dejó de una pieza y nos comenzamos a preguntar si nuestro país tiene los recursos necesarios, o si gozamos una verdadera paz para irnos a defender países con los cuales no tenemos ni la menor relación, a menos que sea que nos vamos a proteger a los narcoguerrilleros de las Farc que tienen sus familias y sus castillos instalados en esas tierras, pero que no necesitan, pobrecitos, quien los defienda porque para eso tienen gobiernos que los ven como héroes que dan sus vidas por defender a los pobres campesinos masacrándolos, o poniéndoles minas quiebrapatas a sus hijos cuando en largas jornadas deben ir a sus escuelas. Esto sin contar a los ciudadanos trabajadores que siempre vivimos bajo el temor de un aterrador ataque traicionero, como todo lo de ellos, con bombas que colocan en los sitios más poblados de las ciudades.
Pues bien, más se demoró el presidente en hacer el anuncio, que Maduro en reunir a sus secuaces y ponerse a despotricar de esa decisión, convencido que puede mandarnos sin ninguna regla sobre lo que nos provoque hacer. Lo que hace el chafarote me saca de quicio, pero en este caso estoy convencido de que el que metió las de caminar fue nuestro presidente. No entiendo cómo le faltó tanta diplomacia, y tanta oportunidad, cuando todavía estábamos metidos en medio del anterior remolino.
Un presidente, ni nadie del común, puede darse el lujo de tomar tan importantes decisiones sin primero asesorarse para evitar hechos como los que pasaron, porque en la realidad no le veo mucho de necesario el meternos en otra de esas organizaciones que tienen sus propósitos muy definidos, pero que en este en el caso de un rifirrafe con algún vecino, no va a venirse con todo su gigantesco arsenal como lo creyó Madurito, a defendernos de una agresión.
El gobierno tuvo que recular, quedando empatada la confrontación, pero dejando en Colombia y en los venezolanos antichavistas un sabor amargo por la imprevisión demostrada por nuestro gobierno.
Es hora de hacer una amplia revisión por parte del Ministerio de Relaciones de la gran cantidad de organismos internacionales a los cuales pertenecemos y su utilidad, que en algunos casos es rendir pleitesía al gobernante de turno con mayor poder, como pasó con Unasur, hija putativa de Chávez, cuando corrió a reconocer el ilícito gobierno de Maduro.
En cambio, la Alianza de Pacífico que se acaba de crear tiene todas las características para organizar a países de verdad amigos y con suficiente fuerza económica para enfrentar las competencias de los países del lejano Oriente. Ojalá no comiencen sus mandatarios a aceptar a países como Nicaragua (solo lo pongo de ejemplo) que lo único que aportarían sería un presidente con el cual muy pocos tienen empatía.
En todo caso, Dr Santos, procure obrar con un poco de más prudencia y "jálele" las orejas a sus asesores para no volver a hacer un oso como el de esta semana. Deje esas equivocaciones a los vecinos, que así ellos mismos se clavan el cuchillo y rápidamente el mundo se va dando cuenta de que si en Venezuela le conceden un premio de periodismo nada menos que al fantasma del coronel Chávez, cualquier cosa se puede esperar de esa gente.
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