Efrain Castaño


Narciso Yepes nació el 14 de noviembre de 1927 en un humilde hogar de Murcia; a los cuatro años recibió de regalo una guitarra de juguete y se aficionó a tocarla; meses más tarde le regalaron una de verdad y arrancó la admiración de todos cuando empezó a tocarla con un arte de profesional.
La guitarra se cosió a su vida; se trasladó a Madrid para estudiar más técnica musical y allí fue invitado a tocar "el concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo, ocasión que le elevará a la categoría de inmenso intérprete de la guitarra.
Se afirma que es el más grande intérprete de guitarra clásica en el mundo; empieza su giras: Ginebra, Rusia, Estados Unidos, París; en Japón conoce a Marysia Szummakowska de origen polaco con quien se casa y tendrá tres hijos.
Está en la cúspide de la fama; todo se expresa en él en nota de éxitos crecientes hasta que en 1990 un cáncer viene a frenar el ascenso y comienza una etapa de lucha y singular belleza por los senderos que tomarán su existencia.
Gran parte del testimonio de su vida lo tenemos con certeza gracias al libro "amaneció de noche" que escribió Marysia sobre Narciso al poco tiempo de su muerte acaecida en el hospital de Murcia el 3 de mayo de 1997.
Se descubre merced a este relato la personalidad de Narciso que da explicación a su talante profundo y artístico: Marysia su esposa cuenta cómo llegó la noche el día en el cual se pronosticó el cáncer al afamado guitarrista, para muchos el más grande del siglo XX; pero en medio de la noche amaneció el instante de luz; narra Narciso, cómo "Dios no contaba para nada en mi vida; tenía la fe dormida pero revivió".
Dios, su hogar y la guitarra fueron los tres amores de Narciso; se cuenta que el día en el que fue condecorado por la Universidad de Murcia citó en su discurso una frase del salmo: "delante de los ángeles tañeré para ti Señor el instrumento de diez cuerdas".
Su viuda Marysia sigue contando: "alguna vez me dijo: yo quiero amar a Dios sin pedirle nada, ni siquiera pedirle que me cure; si Él no quiere, su poder está por encima de todo; doy gracias a Dios porque no solo me ha conservado la fe, sino que me la agranda cada día".
Anota también: "además de creer en Dios, yo le amo; y yo lo que es incomparablemente más afortunado para mí: Dios me ama; cambiaría tanto la vida de los hombres si cayesen en la cuenta de esta espléndida verdad". "Tocar un instrumento lo mejor que uno sabe y ser consciente de la presencia de Dios es un forma maravillosa de vivr, de orar".
A su hija Ana, de baile flamenco, le dijo al final: "ve a bailar, a dar paz con el arte: es tu misión". Es mensaje para el Año de la FE.
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