Efrain Castaño


El 22 de mayo de 1813 (hace 200 años) nació en Alemania Ricardo Wagner quien para la música es uno de los inmortales; su vida es toda una odisea que jalona la existencia para muchos.
De niño fue enrutado por su familia al estudio; ya de joven anotaba que le gustaba leer los clásicos griegos y naturalmente la literatura alemana e inglesa. De quince años estaba inclinado a la música, se embelesaba con la música de Beethoven y tocaba el piano si bien en forma regular lo mismo que el violín; su primer profesor musical le dijo algún día: "tú sin duda serás alguien, nunca un músico".
No se desanimó por críticas y comentarios adversos; siguió su estudio musical terminando la jornada en 1833; se casa a los 23 años y empieza sus viajes por Francia, Italia y otras regiones; esta época no fue fácil por la dificultad en abrirse paso en el ámbito artístico lo que le trajo dificultades económicas serias.
Desde muy joven había empezado su producción musical con el resultado de aplausos por unas obras y hasta risas y burlas por otras como por ejemplo en el estreno de la ópera Tanhauser que luego le daría fama en todo el mundo al profundizar la novedad y belleza de sus melodías.
Desgranó desde su genialidad para la historia gran número de obras musicales, su producción está marcada por su tendencia clásica, mística, emotiva.
No hay colección de obras de la música clásica inmortal que no incluya varias composiciones del gran Wagner; quien escuche su música no puede olvidar las vibraciones creadas por este genio musical; nadie puede negar la belleza de obras como "las hadas, Rienzi, Tannhauser, Lohengrin, el anillo de los Nibelungos, Tristán e Isolda, los maestros cantores de Nurenberg".
La fe en su existencia marcó gran parte de sus obras; baste recordar entre las obras de canto: "la cena de los apóstoles y la obra teatral Parsifal que fue su última creación meses antes de morir y que está marcada por una inspiración profunda de misticismo y religiosidad.
Le llegó la muerte el 13 de febrero de 1883 cuando estaba componiendo como ofrenda de su corazón una obra titulada: "Jesús de Nazaret" como canto de profunda fe y firma a sus convicciones.
El próximo mes de julio Bogotá dedicará en la temporada de Ópera en Colombia una buena parte de las obras de Wagner para honrar y señalar el bicentenario de su nacimiento, riqueza artística para el mundo.
En este año de la Fe me llama la atención citar a este genio musical; con enormes dificultades logra afirmar su obra artística y entrar al campo de los inmortales; su tenacidad como idioma concreto de su Fe le hizo perseverar, seguir, proyectar y producir la belleza musical que hoy podemos disfrutar.
Para la juventud es un ejemplo de empuje en la vida, de formación dedicada, de planificar los pasos que se dan. Vale la pena resaltar este bicentenario fecundo.
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