Jaime Alzate


Una de las más vergonzosas costumbres de los colombianos es, sin duda, la desafortunada afición por hacer las cosas medio bien hechas. Esto se da en todos lo estratos sociales y se podría decir, sin ningún afán de ofender, que es predominante en los hombres sobre las mujeres. Esto es común en la vida diaria, pero se ha incrementado en forma notoria en los últimos tiempos, siempre con el afán de parecer honestos ante quienes tienen la sartén por el mango, con el fin de sacar algún provecho.
Aunque esto no debería ser soportable ni cuando no trae consigo consecuencias que sobrepasan los límites del diario transcurrir, está pasando con hechos de gravedad, como veremos algunos en estos comentarios.
Las Fuerzas Armadas acaban de dar un golpe muy importante a los bandidos, que venían aumentando sus cobardes ataques con graves consecuencias sobre la población civil y con un saldo negativo para el Ejército que, como lo reconocen hasta sus altos mandos, están cometiendo errores tácticos que han ocasionado un importante número de bajas en sus filas. Pues bien, de inmediato salen los hipócritas a dar declaraciones a medios amarillistas y en lugar de elogiar el triunfo sobre las fuerzas destructoras, lamentan la muerte de los bandoleros porque, según ellos, son colombianos a quienes debemos considerar nuestros hermanos, y aprovechan para culpar a quienes nos están defendiendo. ¡Hombre, por Dios! ¿Quién puede quejarse porque con valor nuestros hombres borren del mapa a unos individuos que nos han hecho tanto daño, y cuya única explicación es pretender que con una cobarde, sangrienta y alevosa lucha armada van a mejorar la vida de los colombianos, segando tantas vidas de niños y campesinos inocentes? Ciertamente eso es hacer las cosas mal hechas.
Pero una de las mayores expresiones de “sinceridad” es la reacción del nuevo Alcalde de Bogotá, cuando veíamos con horror como unas bandadas de malhechores atacaron un servicio de transporte que, como Transmilenio, sirve precisamente a quienes su condición económica no les permite el lujo de tener carro para ir a sus colegios ni a sus trabajos. Ver en la televisión los deseos de destrucción que mostraban los vándalos produce cierta sensación de estremecimiento, por el odio que demostraban contra la sociedad. Que se proteste y se pidan cambios en la prestación de un servicio público está bien, pero esos excesos dan escalofrío. Sobre todo tener que oír a Petro, que toda su vida ha sido un promotor de desordenes, salir a justificar todo este caos echándole la culpa a los concesionarios y a los gobiernos anteriores, es demostrar que una alcaldía como la de la capital le queda muy grande a este señor. Mal hecho señor Petro.
Lo que pasó en la Fiscalía General de la Nación, de donde, por fortuna, salieron por la puerta de atrás la señora Vivianne y su desagradable compañero, quedará escrito en los anales de las cosas sesgadas y con un torcido afán de persecución contra todo lo que oliera a expresidente Uribe. Su venganza, entre otras cosas inexplicable, los hizo cometer hechos tan lamentables y exagerados, como privar de la libertad o iniciar juicios políticos contra personas como Luis Carlos Restrepo o Jorge Visbal, entre muchos otros, quienes sacrificaron buenos años de su vida tratando de entregarnos un país tranquilo. Obligaron a algunos de ellos a abandonar el país por su absoluta falta de sindéresis. Esto sobrepasa por mucho lo medio mal hecho.
Pero lo que está muy, pero muy, mal hecho, son las fatales consecuencias de una marcha estudiantil en Tunja, donde algunos que se dicen estudiantes, armados con letales papas-bomba, fueron víctimas de su propia barbarie. Además de la muerte de uno de ellos, hay varios más mutilados con los mismos artefactos mortales con que intentaban atacar a miembros de la Fuerza Pública, gente buena de nuestro mismo pueblo, que tienen que poner el pecho jugarse la vida para darnos tranquilidad. Duro ejemplo para quienes pretenden hacer terrorismo desde las aulas universitarias. Estos hechos tan repudiables deben servir para que los estudiantes confirmen que las luchas de los universitarios se hacen con ideas y no con armas asesinas. Muy mal hecho.
Y así podríamos llenar muchos folios. Esperemos que con la reforma a la justicia y el cambio de fiscal tengamos un panorama más claro que nos vuelva a dar cierta tranquilidad en el trato con algunas autoridades.
P.D.: Candidato: es la persona que consigue dinero de los ricos y votos de los pobres para, según dice, proteger a los unos de los otros.
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