Yohir Akerman


¡Alvarito!- le llama la maestra desde la puerta de su salón a uno de sus mejores alumnos que está jugando fútbol con sus compañeros. ¡Alvarito, por favor ven que necesito hablar contigo! le ordena cuando consigue la inequívoca mirada de su estudiante.
Si profesora- responde Alvarito quien empieza a correr hacia el salón, pero antes interrumpe el partido llevándose el balón diciendo a sus compañeros que es suyo y por eso decide cuando vuelven a jugar.
Yo también necesitaba hablar con usted profesora; le dice Alvarito cuando llega al salón agitado por la corrida. Y cuando recupera el aliento como quien consigue la fuerza de un soplido, le apunta a Juanito, el representante de los estudiantes, con el dedo inequívoco de la acusación y sin dejarse interrumpir ni contrapreguntar por la maestra, le expresa que Juanito no estaba haciendo sus ejercicios de Educación Física, por estar escribiendo unas cartas para los otros alumnos de la clase de Español.
Gracias Alvarito- le responde confinada la maestra con cierta cara de extraño y le agrega: Pero yo no te quería hablar de Juanito. Yo quería preguntarte por el trabajo de Geografía que le ayudaste a hacer a Mauricio, ya que Mauricio le acaba de confesar al rector del colegio que se copió del trabajo del exalumno Salvatore, a quien sacamos del colegio hace tres años. Tú me habías asegurado que confiabas en Mauricio y que si tú le ayudabas en la clase nada podía pasar, por eso lo dejé en el salón pese al problema anterior que había tenido.
Si profesora, pero es que Juanito…- Alvarito seguía apuntándolo con un dedo cada vez menos firme.
Es que nada Alvarito. Lo de Juanito lo revisaré con él y si te pareció tan grave debiste haberlo buscado antes de venir a mí y expresarle tu desacuerdo con que no esté haciendo los ejercicios que son obligatorios. Ese es tu papel como asistente de la profesora. Ayudar a los alumnos nuevos Alvarito, no venir y acusarlos esperando que eso me haga olvidar de tu responsabilidad con la falta de Mauricio. No señor.
Todos conocen lo que Alvarito respondió a la maestra con la voz temblorosa. Lo que sé todavía no se sabe es el final de la historia de Juanito. Y seguimos sin saber.
El expresidente Álvaro Uribe anuncio estos diálogos del Gobierno Nacional con las Farc como si se trataran de una catástrofe. Y pueden serlo, ya que hasta ahora esas negociaciones siempre han sido un fracaso.
El último intento serio dejó a Colombia con la necesidad un gobierno de ocho años de defensa y guerra. Este nuevo intento puede arrojar lo mismo.
El presidente Juan Manuel Santos ya anunció, como todos sus antecesores lo han hecho cuando empiezan negociaciones, que no se cometerán los errores de antes. Que esta vez es distinto. Es claro para todos que no se puede volver al modelo del Caguán, ni suspender las acciones militares para generar condiciones de confianza, porque no las hay, ni liberar guerrilleros presos a cambio de promesas grandes o chiquitas.
También es importante recordarle al gobierno que no se puede cometer el error de otorgarle a la guerrilla una representación política que no tiene, para que cambien los aspectos medulares del funcionamiento democrático nacional. Si se entra en ese debate la salida es ninguna.
Hechos son lo que se necesita. Hechos de la guerrilla y ya.
Esa es la base para iniciar un diálogo que puede tomar años, pero que de comenzarse bien, sin delirios pero sin desesperación, puede acabar con este conflicto sin sentido.
El gobierno tiene que ser claro en eso, y en la información frente a la sociedad. Uno de los peores enemigos de estos procesos son las mentiras y la desinformación, la clandestinidad y el hermetismo extremos pueden llevar a eso.
Muchas voces en contra de este diálogo, empezando por la del expresidente Uribe que ve en la permanencia del conflicto el mantenimiento de su causa política, van a hacer el proceso más complejo de lo que ya es.
Y la sociedad y el gobierno tienen que entender que los momentos difíciles, que con seguridad llegarán, hacen parte de esto. Eso hay que entenderlo y apoyarlo. La paciencia es requisito para llegar a la paz.
Pero lo que no se puede permitir es que esto sea un monólogo donde la guerrilla no se siente a negociar sino a realizar un pliego de condiciones imposibles, irreales y que la sociedad no está dispuesta a entregar. De ser así, Alvarito, o alguno de sus amiguitos, recuperará su lugar para dedicarnos de nuevo a la guerra, cosa que muchos quieren.
Apoyemos la paz. Yo lo hago con un optimismo limitado por el escepticismo.
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