Efrain Castaño


Esta noche será la última de Benedicto XVI como papa; mañana desde las ocho de la noche la Iglesia Católica entrará al período de sede vacante en espera de un nuevo sucesor de Pedro.
Esta noche al colocar el anillo sobre la mesita de noche junto a su cama sabrá que mañana será destruido como signo de que el período papal que pesó sobre sus hombros termina; ese anillo le recordó en estos años que era el sucesor de Pedro.
Esta noche al colgar su sotana blanca la mirará con cariño pero bien sabe que la usará por última vez hasta las ocho de la noche del día veintiocho; mientras pase para su habitación papal que es sencilla y elemental dará una mirada al piano que le espera desde mañana para que de nuevo pulse sus teclas y se escuche la melodía selecta que desde hace meses por sus ocupaciones no ha podido interpretar y bien le servía de reposo.
Después de comer e irse a dormir su última noche como papa Benedicto XVI dará una mirada a su pequeña y mimosa mascota el gato que a veces le hace jugar y reír; desde mañana tal vez tendrá un poco de más tiempo para inventar monerías que harán correr su pequeño menino.
Horas antes ha separado unas cajas con algunos libros que le acompañarán con la Biblia, para seguir abriendo los ríos de conocimiento teológico que brotan de la Lectio divina bíblica para oración personal y de las comunidades creyentes.
Su última noche; al colocar su blanca cabeza llena de sabiduría amplísima como pocas respirará muy hondo, entre alegría y nostalgia tal vez dejando escapar una lágrima de emoción por su última noche como el papa de la Iglesia; mientras el silencio va llegando con el apagón de la lámpara que le ve orar cada noche al acostarse, de seguro que en su interior escuchará sereno la voz de Jesús de Nazareth que le dirá muy al oído con amor: "bien, siervo bueno y fiel"; se dormirá sereno.
Despertará mañana para su último día; valeroso y decidido; sabe que la Iglesia seguirá porque si bien el sucesor de Pedro, el Papa, es central en la marcha de la comunidad de fe, la piedra, la roca central y definitiva es Cristo que no falta ni faltará jamás como Camino, Verdad y Vida de la humanidad, de todo aquel que desee seguir un sendero que le haga posible la felicidad que arranca de la fe.
El mundo ha aprendido a quererlo; sabe bien de su entereza, honestidad, amor profundo al Señor, a la Iglesia, a la humanidad; entendió que era un hombre tímido pero no débil, sereno pero no pasivo, prudente pero no callado, amoroso pero sereno, sabio como pocos.
Una horas más; la Iglesia y el mundo entrarán en un período de gestación de un nuevo papa que llegará cargado con las sorpresas que hace brotar la acción del Espíritu Santo.
Que esta noche Ratzinger sienta que muy cerca al oído le diremos: gracias por su entrega, por haber sido un papa sin tacha, por haber encendido fuerte la luz de la fe para muchos, por entregarse a la oración por la Iglesia y el mundo; un beso agradecido y una oración en fe engrandecida.
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