Fanny Bernal Orozco


Cuenta una bella leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y, en un determinado punto del viaje, ambos discutieron. Uno acabó dando al otro una fuerte bofetada. El ofendido, sin decir nada, se agachó y escribió con sus dedos en la arena:
-Hoy mi mejor amigo, me ha dado una fuerte bofetada en la cara.
Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y herido comenzó a ahogarse. El otro se lanzó a salvarlo y evitó que perdiese su vida.
Al recuperarse del posible ahogamiento, tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra. Al acabar, se podía leer:
“Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida”. Intrigado, su amigo le preguntó:
-¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?
Sonriente, el otro respondió:
-Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarla y olvidarla. En cambio, cuando una gran amigo nos ayuda, o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, dónde ningún viento de ninguna parte del mundo pueda borrarlo.
Tomado de: www.cuentosqueyocuento
El enojo y la rabia son emociones muy poderosas, que pueden ser encauzadas en varias direcciones: vengarse y hacer daño a otras personas, hablar de manera vulgar o peyorativa, arruinar la honra de alguien, desprestigiar sus logros, acabar con la armonía de una familia, e inclusive hasta destruir sus bienes.
La manera de reaccionar ante las ofensas depende en gran parte de la actitud emocional que cada ser humano asume en momentos de tensión y dolor; se requiere de una gran autorregulación para no caer en la trampa de responder de manera airada o grosera, con la idea de que siempre hay que defenderse. La rabia, genera unos niveles altos de estrés y puede producir síntomas físicos dolorosos, además cuando se alimenta tanto el resentimiento, se vive con una amargura que ensombrece la vida.
Alguna vez conocí a una señora, que llevaba en forma detallada y escritas en una agenda las veces que según ella, había sido ofendida por las personas con las que trabajaba, allí tenía descritas palabras, horas y hasta la ropa que tenía puesta, siempre que narraba alguno de estos sucesos, su respiración sufría cambios y al terminar tenía dolores en su cabeza y en sus articulaciones.
Un ser humano en estas condiciones, no solo vive en el pasado, sino que también su mundo lo enfoca principalmente hacia afuera, lo que produce cansancio y agobio mental; poco sabe de que hay otros peregrinajes que aunque pueden ser un poco lentos, le ayudan a expandir la atención y a descubrir un manantial de oportunidades para despertar su conciencia, esto significa que su rabia se puede transformar, y a partir de sentir y expresar, ser el origen de otras formas de relacionarse con los demás y consigo mismo.
A muchos seres humanos les gusta que los recuerden y que los recuerden bien. Lo sano sería cultivar la memoria del corazón desde el bienestar, la armonía y la ecuanimidad, valores que tanta falta nos hacen en nuestro medio social.
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
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