Efrain Castaño


El famoso trío Los Panchos interpretó siempre con arte la canción de Mercedes Valdés "Me voy pal pueblo", invitando a celebrar el descanso después de un duro trabajo; yo quisiera irme un tiempo para Aleppo que enlaza con la visita a Maalula.
Son dos pueblos de poca cobertura pero que para la historia tienen un inmenso valor y mensaje; existen en la lejana región de Siria ahora tan en primer plano de las noticias; la violencia se ha desatado en aquellos lugares más por intereses políticos, limítrofes y económicos que por razón religiosa como se ha querido presentar.
El poder destructivo de la guerra tienen en jaque pueblos enteros en Siria; como consecuencia aumentan las cifras de muertos; la sangre corre y la destrucción de caseríos es preocupante.
Quiero resaltar un hecho que afecta nuestra tradición de Fe; entre las poblaciones que están en jaque y se están destruyendo están Aleppo y Maalula que son comunidades cristianas de las más antiguas del mundo. Bien es sabido que algunos de los apóstoles fundaron en lo que hoy es Siria comunidades de Fe cristiana y sobre todo estas dos poblaciones figuran entre las más antiguas y auténticas del mundo.
Por ejemplo en Maalula que tiene unos 3.000 habitantes está el monasterio de Santa Tecla, uno de los más venerados en Siria; en esta población y en Aleppo se habla aún el idioma arameo, la lengua original de Jesús, en la que él expresó sus principales enseñanzas; además en ese monasterio que peligra destruirse por la guerra se han descubierto antiquísimos manuscritos que narran la vida de las primitivas comunidades; su vida de amor mutuo, la celebración de los Sacramentos, la oración desde la palabra de Dios, el nombre de apóstoles como fundadores de aquellas iglesias.
En días pasados dieron la vuelta al mundo las fotografías de las ruinas de los Templos allí destruidos por los bombardeos inclementes; el Templo de Aleppo fue prácticamente destruido. Se cuenta que más de 4.000 cristianos han tenido que huir del país y más de 1.200 han sido asesinados; las once confesiones religiosas nacionales suplican por un cese al fuego y una búsqueda de caminos hacia la paz.
Si pudiera, me iría para Aleppo y Maalula porque me gustaría tocar en otro sitio fuera de Belén, Nazareth, Jerusalén y Roma, la veracidad, la valentía y la tradición cierta de una fe que tiene sus raíces muy históricas, veraces y fuertes.
Qué bueno ir y escuchar el arameo, cantos antiguos y nuevo de fe cristiana, testimonios de historia, narraciones veraces; empaparme una vez más de la figura de Jesucristo, su madre María, la comunidad apostólica, la transmisión de la fe en escritos que se siguen descubriendo y que son de gran valor.
Aleppo y Maalula son en medio de esta civilización de lo relativo, que todo lo pone en duda y lo ridiculiza, que solo saca a relucir las fallas de los creyentes y no sus virtudes y aciertos; una certeza; sueño empapándome de esta bella historia de amor, la de Dios a los hombres y la de los hombres entre sí. Qué bueno que existen Aleppo y Maalula.
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