Efraim Osorio


Hay que leer mucho para encontrar un diamante como éste: "El matrimonio ha sido una buena idea de la sociedad -está en la etimología de la palabra: se trata, en suma, de cuidar a otro- pues para muchos vivir es un poco menos duro si se tiene un testigo, y si se existe hacia alguien. (…) El matrimonio -que, por supuesto, no es la única manera de vivir: quién dijo- quiere ser, pues, una conversación que no solamente alivia a quienes la sostienen" (El Tiempo, Ricardo Silva Romero, 26/4/2013). De acuerdo con esto, la Tierra se pobló a punta de diálogos, coloquios y cuidados mutuos. ¡Qué maravilla!, como exclama con frecuencia el doctor Humberto Montoya Jaramillo. Y si desea, señor, exclamar lo mismo de nuevo y con frecuencia, lea el artículo completo de ese periodista. El término ‘matrimonio’, dicen los expertos, viene del sustantivo latino ‘mater’ (madre), con referencia a la mujer; y, muy probablemente, de ‘munus-eris’ (cargo, oficio, función; obligación, carga, cuidado). Cicerón decía: "Matrimonium tenere" (Ser la esposa de alguno) y "habere aliquam in matrimonium" (Tener por mujer). Nada de conversaciones ni auxilios, y eso que él sabía y escribía muy bien sus latines. El inglés, aunque con muy poco uso, también tiene la palabra ‘matrimony’, con el mismo origen, por supuesto; y, además, el sustantivo ‘marriage’ (matrimonio), que, según Noah Webster, viene del latín decadente ‘maritaticus’ (marido) a través del francés ‘mariage’ ("Unión legal de un hombre y una mujer; celebración de las bodas; uno de los siete sacramentos católicos"). Esta definición no es mía, es del Diccionario Larousse de bolsillo ("Larousse de poche"). Como digo, nada de coloquios ni ayudas ni nada que se les parezca. Para defender una causa -la unión de personas del mismo sexo, por ejemplo- no es apropiado acudir a interpretaciones elásticas.
* * *
Suenan mal ‘homogeno’ y ‘homogenidad’, ¿cierto? Entonces, ¿por qué la Academia de la Lengua, según su "Diccionario panhispánico de dudas" (2005), acepta el verbo ‘homogenizar’ y el sustantivo abstracto ‘homogenización’? ¿Porque alguien, en algún periódico de alguna parte lo escribió así? ¿Tendrá la venerable institución otras razones? Las desconozco, porque, si las tuviere, serían caprichosas. La lógica de la gramática, en cambio, exige las grafías ‘homogeneizar’ y ‘homogeneización’, porque la raíz del verbo ‘homogeneizar’, para agregarle el sufijo ‘-izar’, es ‘homogene-’, raíz que se conserva para los otros sufijos. Así, hasta el 2001, fecha de la última edición de El Diccionario. Entonces, de acuerdo con la Academia de la Lengua, pero no de la lógica gramatical, el profesor Francisco Cajiao, columnista de El Tiempo, escribió ‘correctamente’: "…seguiremos insistiendo en dictarles muchas horas de clase que solo pretenden homogenizar lo que siempre será diverso…" (23/4/2013). Y castizamente, también, de acuerdo con las feministas a ultranza, pero no con la misma Academia, esto: "…niños y niñas de los colegios distritales…". Olvida el buen columnista que, en este caso, ‘niño’ es un nombre de género no marcado, es decir, que abarca a todos los párvulos de ambos géneros. Pero esto es gastar pólvora en salvas o en gallinazos.
* * *
Deben tener "los amigos de los poderosos" la fortaleza de Hércules o de Atlas, ese que sostenía en sus espaldas el planeta en que vivimos, para llevar turiferarios en las manos, a no ser que éstos fuesen diminutos. En su columna sobre los ‘poderosos’ del 18 de abril de 2013, el doctor César Montoya Ocampo garrapateó: "…los amigos con los turiferarios en las manos…" (LA PATRIA). Confunde aquí el escritor las palabras ‘turiferario’ e ‘incensario’ o ‘turíbulo’. En efecto, ‘turiferario’ (del sustantivo latino ‘tus-turis’ = incienso; y del verbo ‘ferre’ = llevar) es "la persona que en las ceremonias religiosas lleva el incensario"; y ‘turíbulo’ o ‘incensario’ es "el utensilio con que se esparce el incienso". Ahora bien, como también usamos el término ‘turiferario’ para calificar a los aduladores de oficio, el columnista debió redactar su frase de la siguiente o semejante manera: "…los poderosos, rodeados siempre de sus turiferarios". Nota: Según Corominas, el vocablo ‘tuya’ ("árbol cupresáceo de América, de madera muy resistente") "proviene del griego ‘thýa’, derivado del verbo ‘thýo’ -yo quemo incienso-. De éste deriva también el griego ‘thýos’, ‘incienso’, latinizado en ‘tus-turis". ¡Cómo saben los que sí saben!
* * *
Días después, en el mismo periódico, y refiriéndose a la corta vida política de Marleny Osorio, el mismo señor Montoya Ocampo escribió: "Con liviana ligereza troncharon de un tajo el auroral elipsis de su vida" (2/5/2013). En esta oración, emplea ‘elipsis’ por ‘elipse’. Le gusta mucho al escritor la palabra ‘elipsis’, pero desconoce su significado. En agosto de 2012 le di la explicación, que le repito hoy, someramente, a ver si así: ‘Elipsis’ es una figura literaria que consiste en suprimir un elemento de la oración, necesario gramaticalmente, pero no para la comprensión, por ejemplo, "Pedro es puntual; Antonio, no". ‘Elipse’ es un término geométrico, que figuradamente se puede emplear por ‘trayectoria’. Además, tanto ‘elipsis’ como ‘elipse’ son vocablos femeninos, cuyo artículo debe concordar con ellos, de este modo: "…la auroral elipse de su vida". No importa que ‘auroral’ empiece por ‘a’, porque, ¡bueno!, usted ya lo sabe, señor.
* * *
La VEINTITRÉS: ¡Sin remedio!
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015