Pedro Felipe Hoyos Körbel


Hablar de un reinado de belleza usualmente implica estar sumido en el mundillo perverso de la farándula, la cual ha enajenado la mente de una buena parte de nuestra sociedad en virtud del inmenso poder de los medios de comunicación, principalmente. Al ser el Reinado del Café, al lado de las corridas de toros, el otro plato fuerte de la gran fiesta con que los manizaleños iniciamos el año, este asunto se puede analizar como un tema de cuidad.
Tuve la oportunidad de integrar el equipo de ejecutores del reinado en la Feria pasada conociendo este evento desde adentro y poder así ponderar sus implicaciones y significado.
Con base a esa experiencia, opino que el Reinado del Café tiene dos importantes razones de ser, la primera es el gusto que tienen los manizaleños por las reinas y lo que a través de ellas pretenden subliminar. Para la mayoría de las reinas, en especial las europeas, los tres grandes desfiles que se realizan, se convierten en una experiencia inolvidable, porque ser ovacionadas con cariño, llamadas por nombre propio a lo largo de casi 4 kilómetros por miles de habitantes es algo normalmente reservado a estrellas del pop como Lady Gaga. ¿Quién se ubica en un andén por horas para ver pasar esas paradas y darles la bienvenida a estas fugaces estrellas de un firmamento usualmente nublado? Pues un pueblo encantado con los plumajes exóticos de los trajes de fantasía y los rostros hermosos y unos cuerpos muy bien moldeados de las reinas de belleza, que delega en ellas sus anhelos de felicidad.
La segunda razón que justifica la existencia de este derroche de esfuerzos y dineros es la atención que estas reinas focalizan sobre los sitios que visitan. Se convierten ellas en el vehículo publicitario para posicionar marcas en una sociedad de consumo. Bien hizo la Licorera de Caldas en llevarlas a su planta y hacerlas posar con su último producto, sabiendo que todos los medios de comunicación locales y nacionales estarían allí cubriendo ese momento a lo largo de la estadía de sus altezas en Manizales.
Creo que esta segunda razón de ser del reinado impone una directriz para diseñar este evento y garantizar un idóneo y total impacto, dándole un uso racional al los recursos financieros que provienen en gran parte del erario público.
Digo entonces que siendo el reinado la manera más expedita para llamar la atención de los medios de comunicación, y a través de ellos el de la opinión pública, se debe hacer una escogencia muy precisa de que se quiere promover para usar esos seis días que dura. No cabe duda que debe haber un equilibrio para sacarle el mayor provecho a esta oportunidad.
Siendo las reinas y su ambiente perfectamente relacionados con el esparcimiento y el turismo, es importante hacer una lista de cuál es el turismo que se debe promocionar para incluir estos puntos en el recorrido de las reinas por la ciudad. Creo que las próximas reinas deben ser llevadas a observar aves. Existen varios grupos de observadores de aves muy organizados que se pueden encargar de ese aspecto y que no sufrirán económicamente con tener que costear un almuerzo para las reinas y su comitiva real.
No me cabe en la cabeza que las reinas, en esta oportunidad, no visitaran a la Catedral, emblema de la cuidad. Se me explicó que en una Feria pasada varias soberanas se negaron a asistir a la bendición que impartía el arzobispo de la cuidad. Creo que la bendición de todo hombre sagrado, llámese obispo, rabino o jaibana, es un provecho, precisamente una bendición, para el que la recibe. Ahora, la Catedral no sólo es un icono religioso, es también un símbolo cívico y artístico sin igual que debemos ostentar ante el resto del país y ojalá ante el el mundo. La Catedral simboliza el esfuerzo de la comunidad manizaleña para sobreponerse a las adversidades, ya que surge de un incendio y a la vez recuerda la humildad del manizaleño que es consciente que hay un Dios que es el que realmente dispone de la vida y las cosas que la componen.
También se me explicó que las reinas no gustaban de las corridas, pienso que se puede conciliar la esencia de la Feria de Manizales con la razonable negativa de las reinas: ¿por qué no llevarlas a una tienta en la "La Esperanza", hacienda de ganado bravo y mostrar los imponentes toros de lidia en su hábitat natural? No creo que Doña Berta Botero viuda de Gutiérrez, dueña de este importante criadero, tenga inconveniente en ser la anfitriona de las delicadas beldades aspirantes a la corona cafetera.
Me atrevo a soñar con mostrar como sitio turístico la Galería o Plaza de Mercado de nuestra ciudad. ¿Por qué no meter a estas menudas mujeres en agua termal?; ¿El cable aéreo no sería algo que se deba incluir en el recorrido? ¿Una visita al Centro de Museos de la Universidad de Caldas no sería una forma interesante de recalcar que Manizales es una ciudad universitaria por excelencia? ¿No podría ser un tema para la Sociedad de Mejoras Públicas que organice de mano del Centro de Estudios Históricos un recorrido que les muestre y explique a las reinas y las cámaras la arquitectura republicana que tenemos?
Manizales tiene mucho que mostrar, porque la habita gente capaz; doy fe de que cuenta con personas idóneas para realizar reinados ambiciosos que estén acorde con las necesidades de la cuidad. Admiro a mujeres como Carmenza Jaramillo, coordinadora del reinado; a asistentes como Yesid Betancurt o Leonardo Acuña; a relacionistas como Victoria Castaño, Olga Piedad Marín, Patricia Echeverry, Sandra Valencia y Geraldine Calvo; a traductores como David Botero y Lina Giraldo, al médico, muy aranzacita, Jairo Ramírez y los transportadores Eliana Arias y Fernando Ramírez que con entusiasmo y pasión efectuaron un certamen ajustado a un horario complejo y sobre todo hicieron sentir a las reinas que realmente estaban en una ciudad de puertas y corazones abiertos.
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