Fanny Bernal Orozco


Una vez, un grupo de tres hombres se perdió en la montaña y había solamente una pieza de fruta para alimentar a los tres, quienes casi desfallecían de hambre.
Se les apareció entonces Dios y les dijo que probaría su sabiduría, y que dependiendo de lo que contestasen les salvaría. Entonces, les indicó qué podían pedirle para arreglar aquel problema y que todos se alimentaran.
El primero dijo: -Pues aparece más comida.
Dios contestó que era una respuesta sin sabiduría, pues no se debe pedir a Dios que aparezca mágicamente la solución a los problemas, sino trabajar con lo que se tiene.
Dijo el segundo: -Entonces, haz que la fruta crezca para que sea suficiente.
A lo que Dios contestó que ¡no!, porque la solución no es pedir siempre multiplicación de lo que se tiene para arreglar el problema, pues el ser humano nunca queda satisfecho y, por ende, nunca sería suficiente.
Y el tercero dijo: -Mi buen Dios, aunque tenemos hambre y somos orgullosos, haznos pequeños a nosotros para que la fruta nos alcance. Dios dijo:
-Has contestado bien, pues cuando el hombre se hace humilde y se empequeñece delante de mis ojos, verá la prosperidad.
Tomado del libro, ‘Cuentos con Alma’, de Rosario Gómez, Autor desconocido.
Algunas personas han vivido su vida sin mucho esfuerzo, a veces porque les falta ser creativos y hacer uso de sus recursos internos para alcanzar lo que quieren, otras, ni siquiera pretenden obtener nada diferente a lo que ya han conseguido. Otros consideran que quienes viven a su alrededor les deben proveer y garantizar lo que necesitan, ellos se sientan a esperar a ver qué les llega; también hay quienes rezan y dejan sus necesidades en manos de su Dios, creen que hacerle saber lo que necesitan, es suficiente y no se les ocurre transformar su actitud, su zona de comodidad les lleva a resignarse.
Hace falta sensatez para asumir actitudes que provoquen cambios en la manera de pensar y de
proceder en momentos que son particularmente difíciles, en especial cuando se trata de hacer uso del instinto de conservación y sobrevivir.
Si bien, estar perdido y alejado de los sitios que son conocidos, y familiares, puede producir respuestas y actitudes diferentes entre cada una de las personas, también es cierto que la forma de actuar está asociada a su perfil emocional, a las habilidades que tenga y a su particular experiencia de vida.
Así entonces, un ser humano arrogante, está siempre seguro de que es el mundo externo el que le debe garantizar satisfacer sus necesidades; esto quiere decir que su principio de realidad se encuentra desfasado y ha perdido su centro, siempre estará dependiendo de lo que digan y hagan los demás, es a través de ellos como alimenta su ego y autoestima y a pesar de que siempre encuentra quien diga o haga lo que quiere, pocas veces se sentirá satisfecho.
El humilde, es totalmente distinto, sabe escuchar y observar, no le interesa imponerse, su autoestima no requiere del reconocimiento y las alabanzas de los otros, sabe que la adulación es eso, solo adulación y por tanto no tiene dificultad en poner distancia emocional ante algunos hechos, se adapta con facilidad a los cambios y fluye de manera adecuada en situaciones críticas. El sabio asume con humildad los diferentes momentos de su vida, ha aprendido a apaciguar las emociones que le perturban, cultiva su mundo espiritual y sus decisiones son el fruto de un sano discernir. -¿Se parece usted a alguno de estos hombres?.
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
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