Luis Prieto


Es decir, lo que quedó después de este colapso que sufrió Colombia, paros y bloqueos, es realmente muy poco. Recuperar lo que se traía tomará mucho tiempo, quizás generaciones.
El país se reponía después del duro golpe de los camioneros, al inicio del gobierno de Santos, cuando el vicepresidente, de un manotazo, le arrebató al ministro Cardona el concierto ortodoxo y equitativo que estaba a punto de firmar. Los celos absurdos del vice Garzón lo indujeron a entregar a los camioneros, en una exacerbación de poder, todas las excentricidades que violentamente pedían.
Fue la primera medida de aceite al nuevo gobierno. Cardona fue desautorizado y obligado a renunciar. Conocido el lado flaco del presidente, lo demás se vino como el primer beso, primero uno y los demás vienen detrás. Paros con bloqueos son más convincentes y efectivos que concertar dialogando.
Todo fue propicio para esta hecatombe. La injusticia inherente con la longeva actividad agropecuaria colombiana y lo primitivo de su producción. Antes de enfrentarla a la competencia extranjera más educada, más experimentada y en varios casos subsidiada, era menester tener claro las deficiencias ancestrales de varios estratos campesinos pobres e incultos, imposible de ascender algún día a los niveles de sus contrapartes del exterior.
El campesino colombiano que el gobierno, en buena hora, pretende redimir mediante un programa magno y exprés, no tiene mucha diferencia letrada con el que recibió el gobierno granadino, instalado cuando se selló la llamada independencia del dominio español. Ignorante, pobre y miserable de acuerdo con la política discriminante, protectora de las autoridades coloniales.
Pensar que algún día la producción de nuestros campesinos, los de azadón, pala y carretilla, los indignados del paro, podrán enfrentarse en el infinito futuro, mano a mano con la importada por nuestros socios de libre comercio, no tanto todavía de Estados Unidos o de los países europeos, como sí de Argentina y Chile con aranceles ya casi en cero, es tener una anemia mental.
Las importaciones agrícolas se ven ya en los supermercados nacionales. Ofertas de productos importados de Estados Unidos tan autóctonos como la papa, ya semipreparada, que la hace más atractiva y que de alguna manera induce los precios hacia la baja, creando desconcierto y frustración en nuestros connacionales. Lo mismo pasa con arroz, leche, la cebolla y otros igualmente, creciendo.
Ciertamente no es del caso descalificar los acuerdos de libre comercio últimamente firmados, así hayan sido acordados con naciones desarrolladas. No son estos TLC los culpables de las reacciones pero sí premonitorios de lo que puede pasar si no se hacen correcciones, ya y de fondo, para defender a estos colombianos sin cultura ni redención.
Bienvenida, aunque tardía, la decisión de redimir estos compatriotas humillados e ignorados por los siglos de los siglos. Algún beneficio tendrá que surgir de esta última gota desbordada, que alertó al país, quiera Dios a tiempo, antes de que las Farc ganaran totalmente el ambiente y asumieran a su manera, la tarea redentora.
De todas maneras, la agricultura nacional está amenazada y solo podrá defenderse con proyectos de gran empresa, con una técnica depurada derivada de una intensa investigación, porque nuestros suelos no tienen la fertilidad que algunos pregonan. Prepararlos para la siembra exige un capital inicial que no tiene el campesino pobre.
Esto obliga a que las autoridades decidan donde se pueden ubicar estos proyectos. Mejor dicho, cuales partes de la geografía colombiana para la producción empresarial, productora de bienes con economía de escala para exportar y donde se reserva para la creación de empleos, aunque sean bienes más costosos y de calidad inferior.
Los TLC no se pueden incumplir. El nombre de Colombia rodaría por el suelo para siempre. La única alternativa es subsidiar este sector endeble de la población nacional, pensando con el deseo, de que algún día se podrá transformar hacia la técnica y la competitividad, o mejor que con el transcurrir de los años, sus descendientes sean absorbidos por el desarrollo general del país.
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