Mario César Otálvaro


LA PATRIA | Bogotá
El necesario relevo que se presentó en el Once Caldas puso una vez más al Club en el plan de formador de técnicos, experiencia que antes dio tan buenos frutos.
Eran otras épocas, con Jairo Quintero al frente, cuando aquí debutaron Maturana, Umaña, ‘Piscis’ Restrepo, Montoya y Alvarez, con inocultables resultados deportivos.
Hubo un interregno, en el que participaron 3 o 4 de los que ahora están en la Junta, sin continuidad en los proyectos y con cambio de timonel a mitad de camino.
En 2005 por ejemplo estuvieron Víctor Luna, ‘Panelo’ Valencia y Jaime De la Pava en una sola temporada. Al año siguiente, De La Pava y Juan Carlos Bedoya, y en 2007 ‘Pecoso’ Castro, Santiago Escobar y el mismo Bedoya.
Después Jorge Luis Bernal dirigió apenas un semestre, dando paso a Javier Álvarez, campeón en 2009, y quien se sostuvo hasta el final pese a la guerra sucia que le montaron desde la propia institución.
En 2010 llegó Juan Carlos Osorio, a quien le costó despegar porque quiso imponer prácticas inusuales para el medio como las famosas rotaciones, salvándose por una crisis con los jugadores cuando su salida estaba firmada.
Por fortuna, porque a partir del segundo campeonato Osorio jugó distinto, rompió moldes, varió conceptos, planteó fútbol de ataque, unió el grupo, y modificó modos de pensar, concluyendo como todo un triunfador.
Tanto, que muchos lo vemos distinto y mejor que los caducos técnicos colombianos que se viven rotando los puestos, incluyendo además su formación profesional, dominio de idiomas, y formas de trabajo.
Rindió aún contra los incumplimientos directivos, y se marchó sin suerte para otros lados, mientras en el país se le mira como inmejorable opción, al punto que muchos aseguran será el técnico de Millonarios después de julio, o del Atlético Nacional.
Era el indicado para volver a Manizales, pero una deuda antigua, y la exigencia de 2 años de contrato sin que le toquen jugadores en ese lapso, tornan imposible su regreso.
Pero el error fue creer que Pompilio Páez porque estaba a su lado tenía los mismos pergaminos, y el facilismo directivo derivó en una decisión fatal con el tiempo porque arrasó con título, copa, y campeonato.
Ahora se intenta recomponer, y pareciera en el ocaso. Pompilio se fue, tarde pero se fue, y con Eduardo Cruz se quiere recuperar el camino perdido, con un plantel que agotó los últimos recursos que quedaban del proyecto Osorio.
Físicamente disminuido, poco orden en lo táctico y flojas respuestas individuales, son los retos por superar del nuevo orientador, un tiro al aire en ese plan de emergencia de equipo chico que buscan los directivos ante su incapacidad por recuperar a Osorio.
Una pena como se maneja al Once Caldas, con grietas económicas insalvables, sin políticas de desarrollo, y dentro de una idea deportiva por si acaso, no porque corresponda a un objetivo claro por repetir los antecedentes inmediatos.
Con pagos atrasados 2 meses, lo que según la famosa ley de estado supone suspensión del reconocimiento deportivo, corriendo riesgos que afean la imagen de la querida Corporación que otrora fuera de muchos manizaleños.
El problema es que el semestre se acaba, las posibilidades se agotan, y el caos institucional sigue, sin alternativas, en una empresa mal dirigida, que toca fondo en manos de particulares que la llevan a la bancarrota.
Aunque sería bueno saber en qué invirtieron la plata por la venta de Henríquez y Mejía a Nacional, la de los ingresos adelantados por televisión, por el préstamo a través de Findeter, y por los patrocinios, publicidad estática y taquillas, porque a nadie le pagan y crece el rojo en la contabilidad.
Hasta la próxima…
Con pagos atrasados 2 meses, lo que según la famosa ley de estado supone suspensión del reconocimiento deportivo, corriendo riesgos que afean la imagen de la querida Corporación que otrora fuera de muchos manizaleños.
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