Mario César Otálvaro


Pena, vergüenza, tristeza, enojo, son apenas algunas de las sensaciones que despierta el Once Caldas de hoy, que lo dejaron tocar fondo, y cuyo estado produce grima.
Futbolistas poco profesionales, seducidos por el oro y la fama para un comportamiento indigno, sin respeto por el oficio, ni por ellos mismos, ni por sus familias, y menos por el público que los volvió ídolos.
Modos de pensar y de actuar, pero que diferencia con los de afuera, y un lío difícil de resolver al tenor de nuestros gobiernos populistas que prometen, y no cumplen con las tareas sociales.
Mientras la educación sea un tema secundario en el país, este fenómeno estará lejos de combatirse, y eso que hablamos de personas que han tenido las oportunidades.
Lo cierto es que la actitud frente a la vida se refleja en lo que hacemos, y el Once Caldas es la resultante de todos esos factores extraños que alteran el orden, motivo por el cual vive una de sus peores crisis institucionales.
Pero son tan culpables quienes cometen esos actos contra la disciplina, como quienes los contratan y los dirigen.
Más cuando se confabulan con el entorno, y dejan que las cosas sucedan, bien porque las ignoran sistemáticamente, o por desconocimiento, que es mucho más grave.
Porque en el Once Caldas parece que nadie se enteró de lo que pasaba, a Páez le permitieron que hiciera y deshiciera, y en medio de tanta tolerancia brotó ese olor a podredumbre del que ni siquiera sospecharon.
Se pregunta uno entonces porque había cuatro miembros de Junta que respaldaban a Pompilio, y bajo qué argumentos lo hacían, si además no había resultados, la preparación física era un desastre, y a leguas se notaba que faltaba liderazgo.
No entiendo, o quizá sí, por esa incompetencia directiva que es total, por el silencio cómplice de cierto sector de la prensa, y por la indiferencia de una sociedad que mira resignada ante el control accionario de esos pocos.
Y no bastando los escándalos, que tal la perlita de Jefferson Cuero, quien aparte de díscolo y mal preparado, fue descortés cuando lo cambiaron contra Patriotas al salir caminando mientras su equipo perdía, haciendo pucheros y echando madres, y sin extenderle la mano a quien ingresaba.
Antes fue Pajoy, de un atrevimiento lejos del buen fútbol que le vimos el año pasado, señalado después de un gol, de los pocos que ha marcado en este campeonato, que no los volvía a celebrar con la tribuna porque no lo merecían.
Y Dayro será que no ve fútbol internacional. No se dará cuenta de los triunfos de Falcao, de James, o de Jackson, que podrían ser los suyos porque tiene condiciones similares, lo que supone un desperdicio miserable, que seguramente luego lamentará.
Avimeleth vuelve y cae, pese a que prometió a su llegada que era un ser absolutamente nuevo, y Acosta siendo buen jugador repitió lo vivido en Santa fe donde se hizo célebre por su amistad con la noche. Y así, muchos más.
Por eso, a complejos problemas soluciones claras, y el señor Eduardo Cruz puede ser buen técnico, con un enorme futuro, pero no es el hombre indicado para el momento actual del Once Caldas.
La ruina que dejó Pompilio Páez, el desmadre del plantel, y la descomposición interna, exigen otro desenlace.
Y lo más práctico, y quizá lo único al alcance de la mano es traer de regreso a Juan Carlos Osorio. Que le deben plata, pues hagan gestión y páguenle que algún día tendrán que hacerlo. Lo demás, son pañitos de agua tibia.
Hasta la próxima…
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