Fanny Bernal Orozco


Un cargador de agua de la India tenía dos vasijas que colgaba a los extremos de un palo. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.
Durante dos años esto fue así, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:
- Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.
El aguador, apesadumbrado, le dijo:
- Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.
Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar. El aguador dijo entonces:
- ¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen a tu lado del camino? Siempre supe de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ellas. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por dónde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger esas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente cómo eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas, todos somos vasijas agrietadas, pero debemos de saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados
Tomado de: http://www.portalplanetasedna.com.ar
Sin temor a equivocaciones, se podría afirmar que muchos seres humanos andan por la vida con grietas o heridas emocionales, algunas se pueden observar sin mucho detenimiento, otras han sido guardadas con mucho celo o se han maquillado o disfrazado con la idea de no sentir, ni asumir y también para que otros no se den cuenta de sus penas y aflicciones emocionales, espirituales o físicas.
Al respecto la escritora Lise Bourbeau, refiere en su libro: Las cinco heridas que impiden ser uno mismo, que: “Mientras más tiempo esperemos para curar nuestras heridas, más se agravarán. Cada vez que vivimos una situación que despierta y toca una herida, nos añadimos una capa más. Es como una llaga que se agranda”.
Las heridas emocionales perturban la vida de cualquier persona y afectan la forma de relacionarse con el entorno. Es posible que alguien que se irrita con frecuencia o que se mantiene de mal genio, en su interior esté viviendo cierto caos como fruto de su experiencia personal.
Es importante saber que de estas vivencias no siempre se es consciente, quizás llevan tiempo guardadas y solo afloran cuando por alguna crisis o por asuntos que movilizan las emociones, se corren los velos que han servido para ocultar el posible origen de la situación.
No siempre las heridas tienen consecuencias adversas para un ser humano, en otras ocasiones las heridas se transforman en estímulo, en acicate aún a pesar del dolor y de la frustración ante cualquier asunto que amenace el bienestar emocional. Personas que corren riesgos al asumir comportamientos que permiten afrontar el dolor y hacerse responsables de las grietas que éste deja en el cuerpo y en la memoria emocional. Esto significa entonces que comienzan por aceptar lo que ha sucedido sin resistencias, abiertos y alertas a aprender a pesar de los peligros, siembran a pesar de la aridez del terreno que están pisando, tienen un adecuado nivel de tolerancia a la frustración, lo que les ayuda para salir victoriosos en los períodos en los que la cosecha que se espera no da los frutos para los que se ha trabajado. Por otra parte existen también personas que han tenido heridas o grietas que han cerrado a través del autocuidado y la higiene emocional y lo han hecho responsabilizándose de su bienestar y calidad de vida. No hay que ver las grietas, ni las heridas con recelo, ellas en muchos casos son la fuerza para que resurjan y florezcan sueños, metas, objetivos y relaciones.
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
Profesora Titular Universidad de Manizales.
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