Efrain Castaño


Cuenta José Luis Martín Descalzo, gran escritor español, que en un bar de París vio llorar a una linda japonesita que compartía con él un café en una amena charla amigable.
José Luis pasó a la japonesa un papel con el Ave María, el saludo del Ángel a María según la narración bíblica; con afecto y atención le explicó el significado que la Virgen María tiene en el cristianismo; entre palabra y palabra observó que aquella chica derramaba unas lágrimas mientras miraba hacia la lejanía.
¿Qué te pasa?, preguntó José Luis; ella con voz suave y pausada de fémina emocionada le dio contestación: "es que jamás había visto tanta altura y profundidad en la misión de una mujer en la historia; que una sencilla mujer sea tan amada y escogida para tan alta misión es para la mujer y la humanidad motivo de alegría".
Por ello la fiesta de la Asunción de María que hoy celebra el cristianismo no es adoración a un ser humano sino el reconocimiento de lo que Dios desea para todos: que seamos colaboradores de su Obra en la creación y mejoramiento del mundo y su historia; por esto se hace fiesta, celebración y confesión de fe si no con una lágrima como la bella japonesa, sí con una actitud optimista y más alegre en la existencia; valemos mucho, podemos mucho, porque Dios así lo quiere y los descubrimientos y avances científicos más que frenos son fulgores de esta verdad.
Buena coincidencia o búsqueda premeditada es el hecho de que la primera Misa en este territorio que es hoy el Viejo Caldas o Eje Cafetero se celebró un 15 de agosto de 1539 que se hace coincidir con la fundación de nuestra apreciada "Santa Ana de los Caballeros" o sea Anserma.
Es sabido que Sebastián de Belalcázar después de fundar a Santiago de Cali se vino bordeando el río Cauca hasta llegar a predios de la antigua cultura Quimbaya; de los predios de lo que hoy es Cartago y Pereira Jorge Robledo siguió a la conquista de otros sitios y llegó a la provincia de Guamba lugar limítrofe en lo que hoy es Caldas y procedió a celebrar la primera Misa en estos territorios.
Fray Martín de Robledo fue el celebrante de aquella primera vez cuando se escuchó en estas laderas el eco amplificado de amor: "esto es mi cuerpo", "esta es mi sangre", "hagan esto en memoria mía"; era el 15 de agosto de 1539, hace 473 años.
Recordar todo esto nos da energía histórica, continuidad de marcha progresiva, amor a lo nuestro con su raza, música, cultura y manifestaciones de fe.
Quiero un relicario para recoger aquellas lágrimas de una emocionada japonesa y hacerme partícipe de su emoción, alegría y reconocimiento de todo lo que desde la fe se adquiere para vivir con fortaleza, optimismo y horizontes de ascenso y Asunción.
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