Luis Prieto


A los colombianos les han inculcado la idea de que Colombia es un país privilegiado por la calidad de sus suelos y la diversidad climática. Que es una potencia agrícola por explorar y explotar, para producir toda la gama agrícola. En otras palabras, una despensa mundial.
La realidad es otra. El suscrito estuvo recientemente en un foro para discutir el problema del agro con el profesor Ricardo Avellaneda, sin duda el profesional más acreditado en el tema agropecuario, vinculado al Banco Mundial, a la Federación de Cafeteros y asesor de varios países latinoamericanos. Editó un libro sobre la realidad agrícola colombiana, que sirvió para la discusión referida.
Colombia pertenece a la zona tropical húmeda que rodea el globo terrestre, con horas de sol constante durante el año. Con variedad de alturas y temperaturas, pero no de climas. Su régimen de lluvias, vientos y topografía han determinado el portafolio agrícola actual. También el pecuario.
Colombia produce de todo, pero no en forma competitiva. No produce comercialmente lentejas ni garbanzos, pero sí café. No soya, ni maíz amarillo, ni trigo.
Se dice que el país tiene 14 millones de hectáreas con vocación agrícola. Solo se usan alrededor de 4,5. Las restantes están con ganadería. Lo que implica que los empresarios agrícolas no han encontrado más tierra para una agricultura rentable. Hay que tener en cuenta que las tierras no son parejas. Existen planas, de ladera, de clima frío, templado y caliente.
De las 4,5 millones de hectáreas propias para la agricultura, según el profesor, aproximadamente 2,5 son arables, aptas para flores, hortalizas, granos, todo un total ya utilizado. Es importante resaltar que Colombia es uno de los países del mundo con menos tierra arable con maquinaria, por habitante. Solamente 463 metros cuadrados mientras, por ejemplo, Australia 2.100, Venezuela, Ecuador, Chile, cada uno con 1.000 metros cuadrados por habitante.
Los usos de la tierra arable con maquinaria, están concentrados en arroz, palma africana, algodón, caña de azúcar, tabaco, hortalizas, banano. Las otras dos millones de hectáreas con vocación agrícola no arables con maquinaria, son de ladera y están destinadas a café, cítricos, cacao, caña para panela, frutales.
Adicional a las restricciones mencionadas, para una producción rentable y de exportación, falta la mayor y esencial condición, como es la infraestructura vial para la movilización de los productos. Esta adversidad hace imposible exportar desde el interior del país.
Hasta aquí un resumen de lo tratado en el foro mencionado con el experto agropecuario Ricardo Avellaneda, quien concluye que el escaso territorio colombiano propicio para la producción agrícola y pecuaria, está ocupado para lo que sirve y que ya no hay fronteras para expandirlo. Como lo que se está produciendo tiene grandes atrasos de productividad, resta entonces usar políticas enérgicas para imponer allí la tecnología, mediante centros apropiados de investigación.
Comentarios del suscrito: La competitividad colombiana, en todo, es de las más atrasadas de la región latinoamericana. En la parte agrícola ni se diga. Un testimonio fehaciente fue el paro campesino. El reclamo unánime es porque no pueden competir con sus sucedáneos del Ecuador, Perú, Chile o Argentina. No tanto de Estados Unidos, cuyas exportaciones agrícolas a Colombia apenas se inician.
Los campesinos pobres del paro no tienen con qué hacer productivas sus pequeñas fincas. Se necesita un adecuado capital y conocimientos tecnológicos mínimos. En su mayoría están llegando a edad avanzada por la migración creciente de sus hijos a la ciudad. Hay ya escasez en los cafetales.
Peor, en estas condiciones de marginalidad perenne no son posibles los subsidios indefinidamente.
Esta discusión es frustrante para los que hemos sido educados bajo la impresión de que Colombia es una Arcadia agrícola, potencialmente propia para calmar el hambre casi universal, que se predice para un futuro no lejano.
Las entidades oficiales, paradójicamente Planeación y Ministerio de Agricultura, no son menos altisonantes en la ponderación de las riquezas por explotar. No dudan en calificar el campo agropecuario como una de las locomotoras más promisorias de la producción nacional.
Es entonces urgente el censo agrícola y pecuario que el presidente está reclamando. Despejará las dudas.
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